La farmacia comunitaria, piedra angular del abordaje de las dolencias comunes

Según un informe, elaborado por la Federación Farmacéutica Internacional, las organizaciones deben fomentar que las farmacias desempeñen este servicio

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La creciente demanda de atención sanitaria a nivel global, fruto principalmente del envejecimiento poblacional y del aumento de las enfermedades crónicas y no transmisibles, subraya la importancia de gestionar las dolencias comunes en todos los entornos de atención sanitaria. En este aspecto destaca el papel que pueden desempeñar los farmacéuticos comunitarios en la prevención y tratamiento de dichas dolencias como punto de contacto inicial para su atención médica.

Desde la Federación Farmacéutica Internacional (FIP) han elaborado el informe "Pharmacist-led common adolments schemes: A global intelligence report" en el que describen cómo proporcionan intervenciones tempranas y significativas en una serie de afecciones comunes abordadas por los planes de dolencias comunes (CAS). Estas van desde dolencias como dolores de cabeza hasta tratamientos especializados como los antivirales de COVID-19.

Este informe reúne datos de 24 países y destaca estudios de caso de nueve países. En concreto, Canadá, Inglaterra, Irlanda, Nueva Zelanda, Escocia, Sudáfrica, España, Suiza y Estados Unidos. Según los datos recopilados, aunque la mayoría de los países que apoyan la aplicación de planes comunes para abordar estas dolencias cuentan con normas profesionales, los detalles de estas y los marcos de remuneración varían considerablemente.

Desarrollo internacional de CAP

Gonçalo Sousa Pinto, líder de la FIP para el desarrollo y la transformación de la práctica, y editor del informe, indica que el informe pone de relieve los modelos existentes y tiene como objetivo alentar a las organizaciones miembros de la FIP a abogar por el aprovechamiento de las farmacias para este tipo de servicio. "Naturalmente, estos servicios deben basarse en esquemas formales comunes de dolencias que definan los protocolos de gestión clínica, incluida la autoridad de prescripción en ciertas áreas. Además, deben estar adecuadamente financiados para garantizar un acceso equitativo y la sostenibilidad del servicio".

Por su parte, Sarah Dineen-Griffin, vicepresidenta de la Sección de Farmacia Comunitaria de FIP, añade que "el papel fundamental de los farmacéuticos en la impartición de estos programas sigue siendo constante, ya sea remunerado o no. Estos programas contribuyen a la sostenibilidad de los sistemas de atención de la salud”. Además, recalca que el informe de la FIP será invaluable para informar el futuro desarrollo internacional de esquemas comunes de dolencias a través del intercambio de evidencia y experiencias de países individuales".

Impacto sobre la salud y la economía

Tanto clínica como económicamente, CAS ha demostrado beneficios significativos. Los pacientes indicaron a sus médicos de cabecera que su calidad de vida había mejorado, tanto en el alivio de los síntomas como en la clasificación de los mismos, en gran parte debido a las rápidas intervenciones de los farmacéuticos. En un estudio británico, el 85 por ciento de los pacientes fueron tratados con éxito en primera instancia después de la consulta al farmacéutico, y solo el 15 por ciento necesitó una nueva consulta con un médico de cabecera. Además, en un estudio canadiense, el 97 por ciento de los participantes que recibieron servicios de CAS antes de consultar a un médico informaron de una mejora significativa o completa en sus condiciones después de su primera visita al farmacéutico.

Económicamente, también ofrece una alternativa más asequible a las tradicionales visitas de urgencia o al médico de cabecera, generando importantes ahorros a nivel nacional. De media, una consulta en una farmacia británica tiene un precio de 34,33 euros, mientras que una visita al médico de cabecera cuesta 96,48 y una visita al departamento de urgencias asciende a los 173,29. Se observaron diferencias de costes similares en Canadá, donde las farmacias comunitarias ofrecen el tratamiento más rentable a 12,44 euros, en comparación con 45,90 de una visita al médico de cabecera y 95,40 de una visita al servicio de urgencias.

Además, la actividad de la farmacia comunitaria reduce la presión sobre los médicos generales y los servicios de urgencias, contribuyendo así a unos sistemas de atención sanitaria más eficientes.

Mejora de acceso a la atención sanitaria

La mejora del acceso de los pacientes a la atención sanitaria fue como uno de los puntos más destacables de la CAS. El representante de Canadá señaló que el acceso a la atención primaria de salud experimentó una mejora significativa, particularmente en contraste con los largos tiempos de espera para las consultas con otros servicios de atención médica. Sumándose a esta perspectiva, el participante de Nueva Zelanda expresó que los farmacéuticos desempeñaron un papel decisivo en la identificación de requisitos de atención médica no satisfechos anteriormente, especialmente en comunidades de nivel socioeconómico bajo.

Subrayando aún más este punto, el participante de los Estados Unidos enfatizó la ventajosa proximidad de las farmacias CAS, lo que lleva a una marcada mejora en la accesibilidad de los pacientes. Ejemplificó esto con el caso de Alaska. “Algunos pacientes deben viajar de tres a cuatro horas para llegar al médico. Pero si hay un farmacéutico local allí mismo podrían ir y, por ejemplo, tener acceso a antivirales orales contra el COVID-19 si dan positivo en la prueba”, indica Michael Murphy, de la Asociación Estadounidense de Farmacéuticos.

Limitaciones en la implementación de CAS

La implementación de los planes de dolencias comunes tiene ciertas barreras. El representante de Estados Unidos destaca que, si bien existe una vía de remuneración a través de un programa financiado por el estado, las inconsistencias en las iniciativas de CAS en todos los estados han generado confusión y una participación limitada entre los propietarios de farmacias. Además, el participante notó costos iniciales sustanciales en los que incurrieron los propietarios de farmacias para la implementación de CAS, incluido el establecimiento de espacios de consulta privados e infraestructura de la tecnología de la información (TI).

El representante español alega que el aspecto más desafiante implica mejorar la percepción y la motivación de los propietarios de farmacias, particularmente porque los farmacéuticos participantes no recibieron ningún reembolso por la prestación de los servicios de CAS. Además, destaca la limitación del acceso restringido a los registros médicos de los pacientes para los farmacéuticos del CAS, lo que agrava los desafíos existentes.

Acciones clave para una implementación óptima

En el informe se hace hincapié en que la implementación futura de la CAS debería ir acompañada de una estrategia de mayor alcance. Entre las acciones imprescindibles señalan aumentar la confianza del público, la participación temprana de las partes interesadas y los grupos asesores relevantes. Además, consideran una pata clave del proceso el establecimiento de un marco de evaluación sólido, respaldado por evidencia de estudios de evaluación de costos.

Otros de los aspectos relevantes es la recopilación de evidencias sobre posibles ahorros de costos gracias a estos planes antes de presentarlos a los contribuyentes o a los gobiernos. También se destaca el fortalecimiento de la colaboración entre farmacéuticos y médicos generales, particularmente en el diseño de procedimientos de derivación.

Para garantizar una implementación eficaz mencionan la definición clara de las dolencias comunes y el diseño protocolos sistemáticos, incluido un formulario de medicamentos rentables. Para garantizar la coherencia y la igualdad de acceso entre las farmacias, se considera esencial un procedimiento de servicio estandarizado. Esto debería complementarse con una formación adecuada y una plataforma de registro para farmacéuticos.


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