En el marco de cada edición del Congreso Nacional de Farmacéuticos Comunitarios, Sefac entrega su ya tradicional Premio a la Trayectoria Profesional en favor del desarrollo profesional de la farmacia comunitaria, a través del que ya han sido reconocidas figuras como Carmen Peña, Francisco Martínez, María José Faus, Flor Álvarez de Toledo, etc. En esta octava edición, el galardonado es Floro Andrés, farmacéutico comunitario en Vigo, miembro de múltiples entidades ligadas a la promoción de la farmacia asistencial y, para la sociedad que le premia, “figura imprescindible en el fomento de la actividad científica del farmacéutico comunitario”.
Pregunta. Enhorabuena por el reconocimiento. ¿Qué supone recibirlo de manos de una sociedad a la que le mueve el mismo concepto de farmacia por el que se le distingue?
Respuesta. Recibir un premio a mi modesta contribución al desarrollo de una farmacia profesional, volcada en la atención al paciente, es un grandísimo honor. Los socios de Sefac compartimos el mismo objetivo, formarnos y contribuir a la formación de una base de farmacéuticos próximos a los pacientes a los que podamos ayudar a mejorar su salud. Recibirlo de ellos, entre los que hay muchos con más méritos que los míos, es aún más satisfactorio. Y especialmente ver mi nombre unido al de los anteriores premiados, todos ellos maestros y referentes de la transformación de la Farmacia Comunitaria española en los últimos años.
P. Como experto y coordinador de una revista científica (Farmacéuticos Comunitarios), ¿cómo ve es el nivel de implantación de la investigación en farmacia en España?
R. Entre los farmacéuticos comunitarios españoles hay un gran interés por la investigación en la práctica profesional, y la prueba está en que cada congreso registra mayor número de comunicaciones. Otro indicador interesante de la vitalidad de la investigación es el aumento exponencial del número de tesis doctorales realizadas en Farmacia Comunitaria. Se trata de investigación de calidad, con diseños rigurosos y amplios trabajos de campo debido a la potencia de la implicación de un número grande de investigadores formados. Muchos se están publicando en revistas indexadas, y de ámbito biomédico, lo que permite su difusión a la comunidad internacional.
P. ¿Considera que la profesión ya ha demostrado, con inmumerables estudios e iniciativas, el valor de los nuevos servicios y ahora la pelota (impulso) está en el tejado de la Administración?
R. La investigación de resultados en salud en las farmacias ya ha demostrado su efectividad y eficiencia. Programas como conSIGUE, AdherenciaMED, César, D-Valor, I-Valor, AFenPA, Dedipo, etc., muestran que la intervención del farmacéutico comunitario prestando servicios asistenciales consiguen mejorar la salud de los pacientes y ahorran recursos al SNS. No obstante la investigación debe continuar, es necesario seguir mostrando resultados con el fin de sumar evidencia, siempre hay nuevos servicios o tecnologías que debemos evaluar, con especial atención a resultados y costes.
P. Ese trabajo previo de campo debe dar entonces paso al legislativo, ¿no?
R. Falta un reconocimiento claro a nivel legislativo de estos servicios, ya recogidos de manera implícita aunque vaga en la dispersa legislación actual, que le dé carácter nítido y defina claramente las capacidades, funciones y cometidos. La profesión ha evolucionado y está dispuesta a asumir nuevas responsabilidades pero necesitamos apoyo y transparencia: competencias reconocidas, especialidad en Farmacia Comunitaria y una Carrera Profesional motivadora
P. ¿Se está perdiendo un tiempo valiosísimo para integrar efectivamente a la farmacia en el SNS a tenor del nuevo paradigma sociosanitario?
R. Efectivamente, desde hace algunos años los sistemas gestores de la sanidad están creando o potenciando estructuras paralelas a las que pretenden transferir funciones que corresponden a los farmacéuticos comunitarios: dispensación ambulatoria de medicamentos, atención a residencias, dependientes, etc. Con un incremento del gasto muy poco transparente, y que responde a intereses poco claros, prescinden de una eficiente red de farmacias en las que numerosos farmacéuticos prestan un servicio permanente y próximo y obligan a los pacientes a esperas, desplazamientos, y recibir atención de personal no cualificado. Estoy seguro de que una integración real de la Farmacia Comunitaria en la Atención Primaria sería la mejor medida de ahorro que el sistema sanitario podría tomar.
P. ¿Qué nuevos servicios cree que pueden, o deben, ser una realidad generalizada y respaldados por el regulador?
R. Hay algunos servicios asistenciales que creo deberían formar parte de una Cartera de Servicios concertada con las Administraciones Sanitarias y prestados de manera generalizada en las farmacias españolas. Servicios de cribados para la detección de patologías prevalentes: diabetes, riesgo cardiovascular, hipertensión arterial, alteraciones del pulso, EPOC, Alzheimer, sobrecarga del cuidador, cáncer de colon, etc. Servicios de adherencia terapéutica, revisión de la medicación, atención a dependientes. Y sin duda, el más complejo y comprometido, tanto por parte del profesional farmacéutico como del paciente, el servicio de seguimiento farmacoterapéutico. Todos ellos son servicios de una alta eficiencia ya que los ahorros en recursos humanos y materiales para el Sistema de Salud son elevados y estaría plenamente justificado un pago por resultados.
P. Usted es co-presidente de las Jornadas Atlánticas de Cuidados Farmacéuticos que ponen cosas en común en este ámbito entre la farmacia hispano-lusa. ¿Cómo valora el desarrollo de la AF en el país vecino? ¿Hay aspectos dignos de imitar?
R. La evolución de la Atención Farmacéutica entre los farmacéuticos portugueses ha seguido un camino paralelo al nuestro. En estas Jornadas que desde hace ocho años celebramos anualmente en Oporto compartimos formación, avances, expectativas y preocupaciones. Portugal es un país de un enorme dinamismo, cuya clase política hoy tiene claro que con prejuicios no se progresa. La Ordem dos Farmacêuticos tiene concertados con el Sistema de Salud diversos servicios que se prestan en las farmacias y en estudio algunos otros. Un ejemplo interesante es el servicio de administración de vacunas inyectables: antigripal, hepatitis A y B o del virus del papiloma humano. Tras una formación específica reconocida por la Ordem, que debe revalidarse cada cinco años, y con el protocolo y registros preceptivos, en farmacias que dispongan de una sala de atención personalizada y los materiales necesarios los farmacéuticos capacitados administran las vacunas. Según datos recientes, más del 50 por ciento de estas vacunas se administran ya en las farmacias. Esperemos que prejuicios e intereses de clase no impidan el progreso profesional de nuestra Farmacia, en el cual los farmacéuticos comunitarios españoles estamos decididamente implicados.