¿Cómo optimizar la medicación en tiempos de polifarmacia y envejecimiento?

La farmacéutica Victoria Roncal ha diseñado en su tesis doctoral una estrategia para abordar a los pacientes mayores polimedicados

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El contexto sanitario actual hace cada vez más necesaria una correcta gestión de los medicamentos y la promoción de la adherencia terapéutica. Con una población envejecida que adolece enfermedades crónicas y que, a menudo, requiere polifarmacia, que los tratamientos se administren y se tomen adecuadamente es crucial para la Salud Pública. Y esta problemática es la que ha abordado la doctora Victoria Roncal, farmacéutica, en su tesis doctoral.

Según la investigadora, su trabajo “no plantea una intervención puntual, sino una propuesta estructurada y sostenible para abordar la polifarmacia desde dos frentes: la práctica clínica y la formación universitaria”. Porque, en este sentido, la tesis también desarrolla la herramienta docente OPTIPHARM, con la que se “busca mejorar la formación de estudiantes de Ciencias de la Salud en el abordaje de la polifarmacia y en la atención centrada en la persona mayor”.

La edad, destaca la doctora Roncal, complica la adherencia. Los pacientes mayores con deterioro cognitivo, problemas sensoriales o limitaciones funcionales “tienen un riesgo elevado de pérdida de adherencia, incluso cuando están comprometidos con el tratamiento. Además, la propia complejidad del tratamiento puede ser un obstáculo”.

Por ello, esta experta incide en la importancia de revisar periódicamente, “establecer prioridades terapéuticas y deprescribir con criterio clínico, siempre que sea posible. La adherencia mejora cuando el tratamiento es claro, necesario y comprensible para el paciente”.

La importancia del estudio

Como se ha dicho, la tesis doctoral de esta farmacéutica se centra “en uno de los grandes retos en el cuidado de las personas mayores: la polifarmacia y el uso potencialmente inapropiado de medicamentos”. El trabajo se estructura en dos ejes. Por un lado, el desarrollo e implantación de una consulta externa multidisciplinar en el Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Navarra, “orientada a pacientes mayores con polifarmacia que, por su complejidad clínica, funcional o social, requieren una valoración más exhaustiva de su tratamiento”. Y, por otro, OPTIPHARM.

“El objetivo ha sido conectar innovación docente con práctica clínica real, siempre con la mirada puesta en la seguridad del paciente, la calidad de vida y la adecuación terapéutica”, señala esta experta.

NAVARRABIOMED.

La doctora Roncal apunta que uno de los principales retos a la hora de desarrollar su tesis fue lograr una “coordinación efectiva entre los distintos profesionales implicados en la intervención clínica. En otros países, el farmacéutico clínico suele estar plenamente integrado en los equipos multidisciplinares, incluso participando en las rondas asistenciales. En España, salvo en ciertos servicios muy concretos, esto todavía no es lo habitual, lo que dificulta que la colaboración fluya de forma tan natural como ocurre, por ejemplo, entre medicina y enfermería”. “Tuve la suerte de realizar la tesis en un entorno que apuesta de forma real por el trabajo conjunto. El doctor Nicolás Martínez, jefe del Servicio de Geriatría del HUN y director de mi tesis, ha sido clave en impulsar una visión colaborativa. Y mis codirectores, Marta Gutiérrez y Ramón San Miguel, han aportado un gran valor científico y práctico. En especial, la experiencia de Marta en el propio servicio, combinando asistencia e investigación, resultó muy valiosa para cimentar esta propuesta”, destaca.

En el ámbito docente, el principal desafío fue trasladar “esa misma filosofía al aula. OPTIPHARM era una herramienta nueva y no sabíamos cómo sería recibida. Queríamos que no solo motivara, sino que preparara realmente al alumnado para la toma de decisiones clínicas en contextos complejos”.

De esta forma, para que este tipo de intervenciones puedan implementarse y evaluarse de forma adecuada, es necesario contar “con una estructura sólida que las respalde. En ese sentido, la tesis se desarrolló en el marco del proyecto europeo Optimage (POCTEFA), lo que permitió disponer de los recursos y del apoyo necesarios para llevar a cabo tanto la parte clínica como la formativa de forma integrada”.

Por último, desde el punto de vista metodológico, otro de los desafíos fue que, “aunque se habla mucho de polifarmacia, hay pocos estudios que expliquen cómo aplicar este enfoque de manera práctica y coordinada. Nuestro objetivo fue precisamente ese: trasladar el enfoque teórico a la realidad asistencial, mostrando cómo puede llevarse a cabo con los recursos reales de un entorno clínico concreto”.

La consulta multidisciplinar, amplía, permitió revisar tratamientos “de forma colaborativa, considerando no solo los aspectos clínicos, sino también los funcionales y sociales del paciente. Esto permitió una reducción significativa en el número de medicamentos, una mejora en la adecuación terapéutica, una mayor identificación de fármacos potencialmente inapropiados y una mejora en la calidad de vida. Además, se fortaleció la coordinación entre niveles asistenciales”.

En el ámbito educativo, herramientas como OPTIPHARM forman “a los futuros profesionales para que integren la toma de decisiones clínicas, el trabajo en equipo y la valoración centrada en la persona. En definitiva, se trata de preparar profesionales que comprendan que la polifarmacia no siempre es evitable, pero sí puede ser más segura y adecuada si se gestiona con criterio clínico, ética y coordinación entre los distintos profesionales”.

Y la acogida de esta nueva herramienta ha sido “muy positiva”, afirma Roncal. Los estudiantes han valorado, sobre todo, que OPTIPHARM “les sitúa en un escenario clínico realista, con una metodología dinámica que les reta a asumir roles profesionales, trabajar en equipo y tomar decisiones complejas, como harían en la práctica asistencial”. Este enfoque es importante, señala la doctora Roncal, porque permite a los alumnos “integrar la valoración funcional, consultar guías clínicas, argumentar sus decisiones y desarrollar una mirada global sobre el paciente mayor polimedicado. Además, fomenta habilidades éticas, clínicas y comunicativas que a menudo no se abordan con tanta profundidad en el aula tradicional. El interés ha sido tal que actualmente estamos desarrollando una segunda versión de la herramienta, con nuevos casos y situaciones más avanzadas, para seguir fortaleciendo la formación práctica en polifarmacia y atención centrada en la persona”.

El papel de los farmacéuticos

El rol del farmacéutico está evolucionando, enfatiza esta experta, hacia una figura “más clínica, proactiva y colaborativa, con capacidad para intervenir en la revisión de tratamientos desde distintos niveles asistenciales”. Cada vez es más habitual, continúa, su participación en equipos interdisciplinares, “aunque aún queda camino por recorrer para que este enfoque esté plenamente normalizado fuera de determinados servicios o estructuras que ya apuestan por esta integración”.

En lo que se refiere, por otra parte, a la adherencia, las estrategias más eficaces incluyen educación sanitaria, seguimiento farmacoterapéutico, simplificación de pautas, y el uso de herramientas como dosificadores personalizados o recordatorios telefónicos. “Aquí el farmacéutico comunitario desempeña un papel crucial. Es a menudo el profesional sanitario más accesible y cercano para las personas mayores, y su conocimiento del entorno y del paciente le permite detectar con rapidez posibles dificultades. Es una figura clave que puede y debe estar más integrada en las estrategias de atención a la cronicidad”, concluye.

La polifarmacia, cuando no está bien gestionada, “puede tener un impacto negativo importante: efectos adversos, caídas, hospitalizaciones, pérdida de calidad de vida y pérdida de autonomía… Ahora bien, hay pacientes que necesitan varios medicamentos”. Lo importante, para la doctora Roncal, es que cada uno tenga una indicación clara, esté ajustado al perfil del paciente y “responda a objetivos realistas. La clave está en revisar, adaptar y comunicar. Cuando la medicación está bien planteada, puede mejorar la calidad de vida; cuando no, se convierte en una carga más”.

Y al preguntarle cómo pueden mejorar los farmacéuticos la calidad de vida de estos pacientes, la respuesta de esta experta es clara: “Estando cerca, escuchando activamente y trabajando de forma coordinada con el resto del equipo sanitario. El farmacéutico puede detectar problemas antes de que se agraven, prevenir errores, y acompañar al paciente y a su entorno durante todo el proceso terapéutico”.

Estos profesionales tienen, también, un papel esencial en la educación sanitaria, en la revisión estructurada de tratamientos, en la deprescripción segura y en la transición entre niveles asistenciales, “especialmente entre hospital y Atención Primaria o comunitaria, donde muchas veces es el único punto de continuidad para el paciente”.

Al promover una medicación más adecuada y centrada en el paciente, el farmacéutico “puede aportar un gran valor clínico y humano. Y, al final, no hay que olvidar que es el especialista en el medicamento: su formación y su visión global del tratamiento lo convierten en una figura imprescindible para un uso seguro, eficaz y personalizado de la farmacoterapia”, concluye Roncal.


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