Preparados para la próxima pandemia: la FIP «equipa» a los farmacéuticos ante emergencias sanitarias

A la espera de la creación definitiva de la AESAP y de la llegada del Plan Contra Pandemias de Sanidad, insta a la creación de un manual de preparación para emergencias farmacéuticas adaptado al contexto nacional de cada país

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La Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP), que ayer recibió un importante espaldarazo en el Congreso, se ha consolidado como una de las necesidades más apremiantes a cubrir en materia de salud pública y de vigilancia epidemiológica. Contar con una estructura nacional que permita preparar y responder ante la llegada de futuras pandemias es especialmente relevante teniendo en cuenta que la gripe aviar mantiene en vilo a la comunidad internacional y, más en concreto, a los profesionales sanitarios. A ello, se suma "inminente" llegada del Plan Contra Pandemias del Ministerio de Sanidad, que es previsible que marque un antes y un después.

Pese a estos dos frentes abiertos, aún queda mucho por hacer en esta materia. Motivo de ello, la Federación Internacional de Farmacéuticos (FIP) ha querido "equipar" a los farmacéuticos de una serie de recursos que les permitan actuar de forma eficiente ante situaciones de desastre y emergencia sanitaria. En concreto, han brindado orientaciones esenciales ligadas a cuatro áreas específicas:

  • Gestión de la cadena de suministro: estrategias para garantizar la disponibilidad de medicamentos, la integridad de la cadena de frío y la preparación regulatoria en situaciones de crisis.
  • Preparación regulatoria: políticas que permitan a los farmacéuticos extender recetas, administrar vacunas y apoyar la atención de emergencia.
  • Estrategias de preparación: fortalecimiento de la respuesta ante emergencias dirigida por las farmacias mediante investigación, capacitación y asociaciones.
  • Respuesta de emergencia: movilizar equipos de farmacia, garantizar el acceso a los medicamentos y apoyar a las comunidades durante los desastres.

Gestión de la cadena de suministro

Para mejorar la eficacia y la eficiencia de la prestación de servicios de salud, incluyendo medicamentos y suministros sanitarios, durante emergencias, en particular mediante iniciativas lideradas por farmacéuticos, los farmacéuticos y las organizaciones profesionales farmacéuticas deben considerar las siguientes directrices clave.

En primer lugar, deben establecer una comunicación proactiva con los agentes implicados y evaluar las necesidades. En este sentido, desde la FIP indican que deben establecer una comunicación regular con funcionarios gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil antes de que ocurran los desastres. "Esto garantiza que se comprendan bien las necesidades específicas de las poblaciones afectadas y que las donaciones recibidas sean pertinentes
y útiles", aseveran. Con respecto al segundo punto, deben evaluar periódicamente las necesidades de atención médica de las comunidades en riesgo de desastres para preparar estrategias de respuesta personalizadas. "Esto puede ayudar a
identificar los medicamentos y suministros esenciales necesarios durante las emergencias", alegan.

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También deben desarrollar relaciones sólidas con proveedores y partes interesadas en la cadena de suministro farmacéutica. "Tener contactos predefinidos puede facilitar procesos de adquisición más rápidos durante las crisis", garantizan desde la Federación. A su vez, se deben familiarizar con la normativa local e internacional relativa al transporte de productos farmacéuticos, incluyendo los trámites aduaneros y las exenciones necesarias para garantizar el cumplimiento durante emergencias. Además, deben explorar los posibles cambios en las prácticas durante situaciones de emergencia.

La mejora de la formación o el desarrollo de "habilidades anticipatorias" también son importantes. Por ello, desde la Federación apuestan por implementar programas de capacitación especializados para farmacéuticos y equipos de farmacia centrados en la respuesta a desastres, incluido el funcionamiento de farmacias móviles, el manejo de medicamentos sin receta y la comprensión de buenas prácticas de almacenamiento. Además, señalan que se debe centrar la capacitación en el perfeccionamiento de las habilidades de acción anticipada en la gestión de la cadena de suministro y en cuestiones como cortes de electricidad, gestión de personal y otros aspectos logísticos. Esto incluye el uso de datos históricos para predecir posibles crisis y preparar reservas de suministros esenciales con antelación.

El desarrollo de planes de preparación para farmacias que aborden posibles interrupciones en la cadena de suministro, la seguridad del paciente y las estrategias de comunicación con las autoridades de salud pública también es otro de los aspectos relevantes, al igual que su revisión y actualización periódica para adaptarse a los nuevos desafíos. En este sentido, sacan a colación la importancia de que se empodere a los farmacéuticos para tomar decisiones clínicas durante las crisis, como por ejemplo renovar recetas sin la autorización del médico.

Asegurar que existan sistemas para monitorear y mantener la integridad de la logística de la cadena de frío para medicamentos sensibles a la temperatura, como las vacunas, es una cuestión que tildan de "crucial" para garantizar su eficacia durante las respuestas humanitarias, al igual que estar preparado para las regulaciones cambiantes con respecto a las fechas de vencimiento de los medicamentos y el manejo de sustancias controladas en situaciones de crisis.

Finalmente, destacan que se debe colaborar con los equipos de logística para garantizar una gestión eficiente de la cadena de suministro. Esto incluye compartir información sobre rutas eficientes, buenas prácticas de almacenamiento y métodos de distribución para mantener la calidad farmacéutica.

Preparación regulatoria

Los esfuerzos de preparación para desastres y emergencias deben comenzar ahora, en situaciones normales. Sin embargo, deben existir legislaciones, normativas y políticas que permitan a los farmacéuticos brindar atención crítica centrada en el paciente y garantizar el suministro continuo de medicamentos a la población durante estas situaciones de emergencia.

Esto, indican desde la FIP, puede lograrse si se permite que los farmacéuticos puedan aprobar recetas para recargas ("prescripción de atención continua") de medicamentos crónicos o terapias en curso, e iniciar nuevas terapias con medicamentos enumerados en un programa de "acceso de emergencia". Si están autorizados a prorrogar y/o renovar la prescripción de medicamentos para enfermedades no transmisibles al menos hasta que se restablezcan las condiciones normales de atención sanitaria y si tienen luz verde para administrar medicamentos inyectables y vacunas y ordenar, realizar e interpretar pruebas de diagnóstico y detección.

Para la FIP también es indispensable que se establezcan políticas y procedimientos para garantizar que todos los medicamentos y productos médicos se reciban de un proveedor (primario y secundario) autorizado y de confianza y que se cree un sistema de control de la cadena de suministro y procesos de verificación de cumplimiento para evitar que ciertos medicamentos y productos médicos de calidad inferior y falsificados lleguen al paciente.

También sacan a colación que se debe crear un sistema que notifique los problemas de suministro de fármacos y que se cuente con una legislación que permita la implementación de mecanismos de solicitud y aceptación de medicamentos y productos médicos de otras jurisdicciones que garanticen la eficacia e intercambiabilidad de los productos, así como su calidad y seguridad.

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Poniendo el foco en los profesionales farmacéuticos, alegan que se debe instaurar un proceso de asignación de licencias temporales a profesionales de la salud cualificados para asistir a centros de atención farmacéutica de emergencia y que se establezcan grupos de intervención en alerta, tanto a nivel local como nacional. Además, indican que se debe permitir que otros centros de atención de salud en comunidades donde no hay farmacia comunitaria o donde, como resultado de la emergencia, no está disponible temporalmente, se utilicen como instalaciones autorizadas de farmacia temporal para permitir que los farmacéuticos ejerzan y atiendan las necesidades de la comunidad.

La FIP apuesta por la creación de dispositivos de protección para farmacéuticos que garanticen su seguridad en su lugar de trabajo, mantener enlaces de comunicación entre la red de farmacias y establecer protocolos para servicios de teleconsulta y atención a distancia priorizando la atención presencial.

"Los ministerios de Sanidad deberán notificar directamente a las farmacias cuando se declare un estado de emergencia a través de los canales de comunicación pertinentes para que se puedan iniciar los planes de preparación para emergencias de las farmacias", aseveran. Asimismo, relatan que se debe crear un manual de preparación para emergencias farmacéuticas adaptado al contexto nacional, con revisiones y actualizaciones periódicas. Siguiendo esta línea, destacan que se debe implementar un comité ad hoc dentro de la administración de salud pública (local o nacional) para la gestión de estas situaciones, en colaboración con los representantes de los farmacéuticos.

Estrategias de preparación

Preparar a los sanitarios ante la eclosión de una nueva pandemia no es sencillo, pero sí vital para lograr un "control" de la misma. Por ello, desde la FIR insisten en que se deben realizar investigaciones sistemáticas para identificar las mejores prácticas y apoyar la implementación eficaz de una respuesta ante desastres y desarrollar materiales de capacitación estandarizados y ejercicios de simulación.

La construcción de alianzas y de redes de colaboración y el desarrollo de recursos y la creación de capacidades son piezas clave. Al respecto, hacen referencia a la creación de kits de herramientas y recursos digitales integrales para capacitar a los farmacéuticos en la preparación y respuesta ante desastres.

Establecer líneas de ayuda para apoyar a los farmacéuticos -incluidos recursos de salud mental- durante las emergencias sanitarias y ofrecer herramientas en línea, seminarios web y plataformas colaborativas para facilitar la difusión eficiente de conocimientos también son otras áreas a potenciar. Siguiendo esta línea, sostienen que se deben desarrollar y mantener canales de comunicación para proporcionar actualizaciones precisas y oportunas durante emergencias y establecer conexiones con el público en general con antelación para fomentar la confianza y agilizar la comunicación durante las crisis sanitarias.

Respuesta de emergencia

La movilización de recursos y de servicios sanitarios en zonas de desastre es otro de los puntos abordados. Al respecto, subrayan que se deben desplegar equipos médicos y farmacéuticos móviles para garantizar el acceso a la atención médica en las regiones afectadas; coordinar donaciones de medicamentos, suministros médicos y otros materiales esenciales a las zonas afectadas e involucrar a los farmacéuticos voluntarios para apoyar sobre terreno.

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Aterrizando sobre la comunicación y la difusión de información, indican que se debe establecer canales, por ejemplo, a través del correo electrónico, que atiendan solicitudes de información y actualizaciones. Además, animan a los farmacéuticos a emplear las plataformas de redes sociales para compartir información precisa y de interés.

Paralelamente, consideran que es de extrema importancia que se apoyen las campañas nacionales e internacionales para distribuir medicamentos y vacunas esenciales de manera eficiente y que se lleven a cabo asociaciones con mayoristas, distribuidores y fabricantes para aspirar a un crédito ampliado y cadenas de suministro ininterrumpidas.

Involucrar a las farmacias comunitarias en la prestación de servicios de primeros auxilios siempre que sea posible y brindar apoyo de salud mental a los farmacéuticos que responden a desastres también son dos aspectos a implementar. De hecho, hacen referencia a que se deben instaurar mecanismos de evaluación del desempeño para valorar la efectividad de las estrategias de respuesta y fomentar el intercambio de conocimientos sobre intervenciones exitosas entre los farmacéuticos.


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