Una panorámica de la vacunación en farmacias: España, a la contra de la mayoría de los países occidentales

Buena parte de la UE y países como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido permiten a los farmacéuticos prescribir y administrar vacunas

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La Federación Farmacéutica Internacional (FIP, por sus siglas en inglés) ha publicado dos informes referentes a la vacunación en farmacias. En los documentos se incide en que “dado que los farmacéuticos siguen desempeñando su función como expertos en medicamentos y proveedores de atención sanitaria de primera línea, es fundamental que amplíen su participación en la vacunación”. De hecho, esta labor lleva implantada varios años en diversos países como parte de la práctica común de los profesionales.

Los farmacéuticos han contribuido a las estrategias de vacunación para aumentar el acceso y la aceptación en muchas partes del mundo, no solo educando a la población y sensibilizándola sobre los beneficios de la vacunación, sino también dispensando, documentando, administrando y/o prescribiendo vacunas”, destacan desde la FIP. No obstante, otros muchos países son reticentes a la vacunación en farmacias. “Sigue existiendo escepticismo por parte de diversas partes interesadas sobre la capacidad de los farmacéuticos para prestar servicios de vacunación”, especifican desde la Federación.

Este es el caso de España. En nuestro país, los farmacéuticos no pueden prescribir ni administrar vacunas. El caso español es una rara avis dentro del mundo occidental. Solo unos pocos países más de nuestro ámbito, como Austria, impiden a estos profesionales ejercer una función habitual en la mayoría de la Unión Europea (en Portugal, Francia, Alemania, Italia, Bélgica o Irlanda, sin ir más lejos, por ejemplo, pueden prescribir y administrar), así como en el mundo anglosajón (Estados Unidos, Canadá y Reino Unido también permiten estas labores) o incluso Iberoamericano (como en los casos de Brasil y Argentina). Es más, otros países más lejanos de la Unión Europea, como Finlandia o Países Bajos, también permiten a los farmacéuticos, por lo menos, administrar vacunas, aunque no prescribirlas.

España es, por tanto, un caso especial en el que la legislación impide que los profesionales farmacéuticos, a pesar de su cercanía con la población, su accesibilidad y su capilaridad, vacunen. Sin embargo, la FIP señala que “dada su accesibilidad, sus cualificaciones y su experiencia en la gestión de la atención al paciente, los farmacéuticos, en particular los que trabajan en farmacias comunitarias o centros de atención primaria, están en condiciones de desempeñar un papel fundamental en el avance de los esfuerzos mundiales de inmunización”.

“Con este enfoque, contribuyen al funcionamiento eficiente y resiliente del sistema sanitario y aportan valor a los pacientes.  Cada vez se acepta más la ampliación de las funciones de los farmacéuticos en la prestación de servicios de salud, y una proporción significativa de la población expresa su confianza en las capacidades de los farmacéuticos y se muestra abierta a recurrir a ellos para los servicios de Atención Primaria”, concluyen. Cabe recordar que en España hay más de 22.000 farmacias que podrían participar en estas tareas de inmunización.

¿Cuáles son las principales barreras de acceso a la vacunación farmacéutica?

De acuerdo con los informes de la FIP, los retos en el acceso a la vacunación en farmacias varían dependiendo del marco normativo de cada país, así como el nivel de aplicación de la medida. No obstante, hay algunos obstáculos comunes, que se estructuran en cinco áreas clave: normativas, resistencia profesional, carencias de infraestructura y formación, financiación y aceptación pública.

La institución farmacéutica señala, con respecto al primer punto, la “ausencia de marcos jurídicos claros, políticas fragmentadas y retrasos burocráticos”, así como “tensiones entre los farmacéuticos y otros profesionales sanitarios en relación con las funciones y responsabilidades en la vacunación” para el segundo. Se apunta a “limitaciones en las oportunidades de formación, las instalaciones de vacunación y la integración con los sistemas nacionales de salud” sobre los obstáculos normativos, así como a compensar “por los servicios de vacunación” en cuanto a la financiación.

Y, por último, la FIP incide en problemas como “la reticencia a la vacunación, la desinformación y el escaso conocimiento de las funciones de los farmacéuticos en la vacunación” al desgranar la barrera de la aceptación pública.

De esta forma, la Federación da una serie de recomendaciones a los países que no contemplan programas de vacunación en farmacias. En líneas generales, los consejos de la entidad se aglutinan en recopilar datos y analizar el contexto, proponer modificaciones legales o reglamentarias, identificar las leyes que deben adaptarse, planificar e implementar proyectos piloto, documentar, evaluar y escalar e integrar estos programas en las políticas nacionales de inmunización.

“La primera estrategia importante consiste en aumentar la participación de las farmacias en la implementación de vacunas motivando a los farmacéuticos, como profesión, a participar en la actividad. Es necesario adoptar un enfoque unificado que implique a la profesión con el fin de comprender sus percepciones sobre la vacunación en farmacia y evaluar su disposición y compromiso para cambiar el contexto social y maximizar la aceptación, a fin de proporcionar el impulso y la voluntad política necesarios para superar las barreras, en particular la necesidad de modificar la legislación vigente”, completa el informe.

Para ello, la FIP aconseja centrarse en datos sobre las políticas y normativas nacionales disponibles en materia de vacunación, y las leyes sobre farmacias, los marcos nacionales de inmunización, la preparación de la mano de obra, la percepción pública y la necesidad del servicio, los modelos de financiación y la sostenibilidad del servicio y casos de éxito de otros países.

Por otro lado, “se debe evaluar la situación normativa del país para identificar qué disposiciones de la ley o la normativa deben modificarse o adaptarse, en términos de la descripción del alcance y las modalidades de la práctica, para permitir la implementación del servicio. También recomendamos establecer una lista oficial de vacunas como parte del calendario nacional de vacunación”. “Es preferible mantener debates abiertos sobre las modalidades exactas de aplicación de las estrategias de vacunación en las farmacias con otros profesionales sanitarios y las principales partes interesadas”, completan, en consonancia con la resistencia que pueden mostrar otros colectivos.

Sobre los proyectos piloto, la institución farmacéutica recomienda desarrollar un plan en el que colaboren las partes interesadas, lo que incluye a los ministerios de Sanidad, ONG y aseguradoras. “Un diseño piloto perfectamente conceptualizado puede fracasar debido a dificultades de implementación u obstáculos inesperados. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta los posibles factores contextuales, la participación prevista y la experiencia del programa, los lugares piloto, la selección de métodos de evaluación y medidas de rendimiento adecuados, y la incorporación de bucles de retroalimentación continuos”, amplían, añadiendo la importancia de documentar, evaluar y ampliar los proyectos piloto, así como generar pruebas de la eficacia de la implementación de estrategias de vacunación en farmacias, porque “es fundamental para mantener la motivación entre los profesionales y proporcionar una justificación que los responsables políticos puedan utilizar para justificar una implementación más amplia”.

Al respecto de la integración de los programas en la estrategia de vacunación, la FIP solicita una homogenización de los marcos normativos nacionales y regionales con los que regular las prácticas de vacunación. Y, de forma paralela, aconsejan aprovechar la capacidad de alcance de la vacunación en farmacias “para aumentar rápidamente la inmunidad en las poblaciones objetivo y presionar para que se incluya a los farmacéuticos en las estrategias nacionales de inmunización y en la planificación de la vacunación. La combinación y el equilibrio entre una vigilancia sólida de las enfermedades y la vacunación en farmacias dependen de la epidemiología de las enfermedades prevenibles mediante vacunación, el contexto y la capacidad de los sistemas de salud para suministrar vacunas a quienes más las necesitan”, concluyen. 


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