Desde este octubre, en La Rioja se está pilotando un proyecto a través del que se pondrá en marcha la remuneración de los servicios profesionales farmacéuticos en farmacias rurales con el objetivo de mejorar la atención sanitaria, social y asistencial en este tipo de zonas, combatir la despoblación y facilitar la sostenibilidad económica del modelo farmacéutico. Las raíces del proyecto llegan, de esta forma, a un convenio firmado por la Consejería de Salud, con la consejera María Martín a la cabeza, Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), Miguel Ángel García, presidente del Colegio de Farmacéuticos de La Rioja.
Dicho convenio parte, a su vez, del protocolo que se firmó hace dos años en Briñas, un municipio riojano, entre el CGCOF y los ministerios de Sanidad, Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y Derechos Sociales y Agenda 2030. El objetivo de este protocolo era impulsar, mediante esta experiencia piloto, el Programa Farmacia Comunitaria Rural.
Miguel Vergara es farmacéutico rural en Santurde, un pueblo de La Rioja, y tiene un botiquín en Santurdejo, un pequeño pueblo próximo. Este profesional afirma, tajante, en conversación con El GlobalFarma, que la remuneración de los SPF es necesaria “en cualquier ámbito, tanto en el entorno rural como en el urbano, precisamente para darles valor y a la propia labor del farmacéutico”.
Además, añade, es “fundamental que estos servicios estén financiados para hacerlos más accesibles a los pacientes que realmente lo necesiten y que, de esta manera, el coste no sea una barrera”. Vergara nos atiende para hablar sobre la importancia de esta remuneración y de cómo repercutirá esta mejora de las condiciones de los farmacéuticos en los pacientes.
Financiación de la remuneración y colaboración
Dotar a las zonas rurales de servicios es “importantísimo si queremos frenar la despoblación y mejorar la vida de las personas que aquí habitan. Precisamente estos servicios atajan problemas críticos que padecen muchas de las personas que viven en zonas rurales despobladas, que viven solas o carecen de acceso a recursos tanto personales como materiales para manejar aspectos de su vida tan básicos como la salud”, comenta Vergara.
Y, en sentido, las farmacias se posicionan como agente sanitario y, además, social “que es capaz de detectar y dar soporte para atajar otras vulnerabilidades de nuestros pacientes”.
Al preguntarle sobre el modelo farmacéutico y su viabilidad económica, el farmacéutico de Santurde destaca que, si se potencian, remuneran y financian los SPF en el entorno rural, “se puede dar un impulso importante a las farmacias que tienen una viabilidad económica comprometida y que cumplen una labor tanto sanitaria como social importantísima en estas zonas”. “Hablamos del impulso que puede suponer para la farmacia rural todas estas medidas”, amplía, “pero el último y principal beneficiado va a ser siempre el paciente, que es precisamente quien recibe y en quien va a repercutir tanto estos servicios farmacéuticos profesionales como el hecho de que en su entorno permanezca accesible un establecimiento sanitario de referencia como es una farmacia”.
Así, Vergara apunta que, dadas las peculiaridades del medio rural debería darse un modelo de remuneración diferenciado, “o al menos contemplar que en estas zonas existen unas particularidades que ponen en especial riesgo de exclusión, sobre todo a personas envejecidas por una mayor dificultad de acceso a servicios, mayor grado de asilamiento, etc.”.
Por ello, en zonas rurales cobra “mayor importancia, si cabe, reforzar estos servicios. En cualquier caso, considero importante la financiación de estos servicios para personas vulnerables en cualquier ámbito”.
En la actualidad, la farmacia de Vergara se encuentra inmersa en un proyecto en el que trabajan con servicios de adherencia al tratamiento, SPD y revisión de botiquines. Y de estos, el más demandado de los pacientes son los SPD, aunque, incide, también la revisión de botiquines porque muchas veces se les hace difícil el manejo de la medicación a pacientes polimedicados que tienen acceso a gran cantidad de fármacos en sus domicilios, ya sean de tratamientos tanto crónicos como agudos de fechas anteriores”. En la adherencia, asimismo, suele ser el farmacéutico el que detecta el problema, concluye.
“Creo que es fundamental la financiación y colaboración por parte de la administración, que sean capaces de ofrecer unas garantías de continuidad y acceso a los pacientes a estos servicios profesionales”, comenta. Y también es, desde el punto de vista de este farmacéutico, muy importante la implicación de las propias farmacias, la implantación de protocolos contrastados y de consenso basados en la evidencia, “a la par que una correcta y constante formación por parte de los profesionales farmacéuticos”.