La depresión posparto, y también durante el embarazo, “es mucho más frecuente de lo que pensamos”, comienza Jessica Espiña, farmacéutica comunitaria de Zaragoza. Además, según la experta, se estima que alrededor del 75% de las pacientes no cuentan ni con diagnóstico ni con tratamiento. “Se trata de un problema silenciado, del que muchas madres no hablan por vergüenza o por culpa de sentirse así, ya que la sociedad ha idealizado la maternidad como un periodo de felicidad plena tras un embarazo deseado y un parto sin complicaciones. Pero una depresión posparto no se elige”, completa Espiña.
El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza puso en marcha una campaña para concienciar y divulgar sobre la salud mental perinatal con el objetivo de prevenir, visibilizar y acompañar en casos de depresión perinatal, “una afección emocional que puede aparecer durante el embarazo o después del parto y que, en sus formas más graves, puede incluso llevar a pensamientos suicidas”, informan desde la entidad.

En este contexto, los profesionales sanitarios que se encargan de acompañar a la mujer a lo largo de todo el proceso de la maternidad, incluidos los farmacéuticos, “desempeñamos un papel esencial en la detección precoz y en la derivación adecuada”. Así, desde la farmacia comunitaria se pueden “identificar los primeros indicios de malestar y orientar a la paciente para que acuda al médico”.
No obstante, el papel de estos profesionales, destaca Espiña, no se limita a la detección: “También debemos contribuir a visibilizar el problema, informar a las futuras madres y a sus familias de que esto puede ocurrir, y normalizar su abordaje. Solo así conseguiremos que deje de ser un problema silenciado y que todas las madres en esta situación puedan recibir el diagnóstico y tratamiento que necesitan”.
Para conocer en profundidad el problema de la depresión posparto y cómo los farmacéuticos cuidan también de la salud mental perinatal, esta farmacéutica atiende a El GlobalFarma para aportar la visión imprescindible de los profesionales de la Farmacia Comunitaria.
Pregunta. ¿Qué necesidades presenta una paciente en situación de depresión posparto?
Respuesta. En una paciente con depresión posparto, la detección precoz es fundamental. Ante cualquier signo de malestar, la madre debe ser observada con el objetivo de identificar cuanto antes la aparición de síntomas compatibles con la dolencia, tanto por parte de su entorno como de los profesionales sanitarios.
En muchos casos, el diagnóstico se retrasa y, con él, el inicio del tratamiento. Una vez establecido el diagnóstico, es necesario abordar la situación mediante tratamiento farmacológico, terapia cognitivo-conductual y un acompañamiento continuo.
La paciente necesita sentirse comprendida, escuchada y apoyada por su pareja, por su entorno más cercano y también por los profesionales sanitarios. Este apoyo no debe limitarse al ámbito emocional o familiar, sino extenderse a las tareas del hogar, al cuidado del bebé y también a su autocuidado, que pueden verse comprometidos en este contexto.
P. ¿Cómo dan respuesta los farmacéuticos a estas necesidades?
R. Los farmacéuticos, por nuestra cercanía con los pacientes, en muchas ocasiones conocemos a esas madres desde el inicio de la búsqueda del embarazo: desde el test positivo, cada dispensación de ácido fólico, hasta el día en que vienen con su carrito a presentarnos a su bebé y acuden semanalmente a pesarlo a la farmacia.
Durante todo ese tiempo, las madres comparten con nosotros sus miedos, sus preocupaciones, y poco a poco se genera un vínculo basado en el apoyo, el acompañamiento y la confianza: un espacio de escucha y consejo. Conocemos su historia, su entorno social y, en ocasiones, detectamos factores de riesgo como antecedentes de ansiedad o depresión que nos hacen mantenernos especialmente atentos.
Ese espacio de escucha y consejo, junto con nuestra formación en salud mental perinatal, es clave para la detección precoz de síntomas compatibles con una depresión posparto. La farmacia puede ser un lugar en el que la madre se sienta comprendida, escuchada y no juzgada; un entorno donde un simple “¿cómo estás?, ¿qué te preocupa?” pueda dar paso a conversaciones en las que exprese aquello que teme decir por miedo o culpa, porque sentirse mal en ese momento no es lo que socialmente se espera de ellas.
P. ¿Qué suelen transmitir las pacientes en el primer encuentro con los profesionales?
R. Durante las dos o tres primeras semanas tras el parto es frecuente la llamada “tristeza posparto”, una sintomatología leve y transitoria caracterizada por sentimientos de miedo, preocupación y cansancio. Es fundamental diferenciar esta condición de los síntomas compatibles con una depresión posparto, que suelen aparecer durante las primeras seis semanas y no remiten con el paso de los días. En estos casos, la madre puede manifestar ansiedad, desesperanza, irritabilidad, culpa, agotamiento extremo, trastornos del sueño o pensamientos como “me siento mal”, “no puedo”, “algo malo va a ocurrir” e incluso, en los casos más graves, “quiero desaparecer”.
No se trata de una tristeza pasajera, ni de “tener un mal día” o “estar un poco depre”, sino de síntomas intensos y persistentes de infelicidad, preocupación y agotamiento, acompañados de desesperanza, angustia e incluso ideas suicidas. Estos síntomas, en mayor o menor grado, interfieren con los cuidados diarios y, en los casos más graves, pueden poner en riesgo la vida del bebé y de la propia madre.
P. ¿Qué recursos tienen los farmacéuticos, dados su cercanía, capilaridad y rigor, para abordar la salud mental perinatal?
R. Desde las farmacias de Aragón participamos en una campaña de sensibilización y acompañamiento bajo el título “Salud perinatal (embarazo y posparto)”, una iniciativa promovida por la Asociación Aragonesa MovEnRed en colaboración con los Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Zaragoza, Huesca y Teruel. Gracias a esta campaña, los farmacéuticos hemos podido formarnos en salud mental perinatal. De la mano de la psiquiatra Isabel Irigoyen, hemos aprendido a diferenciar la tristeza posparto de la depresión posparto, contribuyendo así, desde la farmacia, a su detección precoz.
Además, disponemos de folletos informativos con un decálogo de autocuidados dirigidos a embarazadas y madres recientes, que nos sirven de apoyo en nuestras intervenciones. Al igual que realizamos educación sanitaria en relación con una alimentación adecuada, el ejercicio físico durante esta etapa o el cuidado del bebé, debemos hacerlo también respecto al cuidado de la salud mental.
Las futuras madres deben conocer qué es la tristeza posparto y qué es la depresión posparto, debemos ofrecerles herramientas y consejos para el autocuidado en una etapa tan vulnerable. Solo así lograremos llegar a esas madres que lo sufren en silencio.
P. Una vez ha pasado ese primer encuentro, ¿cómo son las sucesivas visitas entre farmacéutico y paciente?
R. La depresión posparto suele requerir tratamiento farmacológico, y en este proceso los farmacéuticos desempeñamos un papel fundamental en la adherencia y el seguimiento de la paciente. Solo alrededor del 25% de las mujeres con depresión posparto acuden al médico y reciben tratamiento, y entre ellas es frecuente el incumplimiento terapéutico.
Es muy habitual el rechazo o la negativa a tomar medicación durante la lactancia, tanto por parte de la madre como de su entorno, debido al miedo a que el tratamiento pueda afectar al bebé. Nuestro papel es ofrecer información rigurosa y tranquilizadora, ayudando a que comprendan por qué el tratamiento es necesario y recordando que el médico siempre selecciona la opción más adecuada, valorando cuidadosamente la relación beneficio/riesgo.
En cada una de las sucesivas visitas, los farmacéuticos evaluamos la adherencia al tratamiento, su efectividad y la evolución de los síntomas, además de vigilar la posible aparición de efectos adversos o signos de alarma que requieran una derivación médica urgente.
P. ¿Cómo evolucionan las necesidades de los pacientes en esta situación según avanza el tiempo?
R. Cuando la depresión posparto se diagnostica y se trata adecuadamente, su duración es menor y la recuperación resulta más favorable. Esto permite evitar complicaciones graves y mejorar el vínculo entre la madre y su bebé. El recién nacido vive y siente el presente, por lo que fortalecer ese vínculo es crucial para su desarrollo emocional y afectivo.
A medida que transcurre el tiempo y las medidas adoptadas resultan efectivas, la intensidad de los síntomas va disminuyendo. La paciente comienza a sentirse mejor, a afrontar con más seguridad el cuidado del bebé y a recuperar progresivamente el interés por su propio bienestar.
No obstante, la necesidad de supervisión, comprensión, apoyo y acompañamiento sigue siendo fundamental durante todo el proceso, ya que la recuperación emocional no es inmediata y requiere continuidad y refuerzo positivo.
P. ¿Cómo va variando la atención farmacéutica que se ofrece según evoluciona la situación de la paciente?
R. Al inicio, las visitas de seguimiento suelen ser muy frecuentes. Tanto los familiares como todos los profesionales sanitarios debemos mantenernos alerta ante la aparición de síntomas que puedan requerir atención médica urgente.
Cuando la intensidad de los síntomas disminuye y la paciente comienza a encontrarse mejor, con menor afectación en su vida diaria, las visitas pueden espaciarse en el tiempo. Sin embargo, la evaluación periódica de la adherencia al tratamiento farmacológico debe mantenerse durante todo el proceso.
Del mismo modo, el apoyo y el acompañamiento por parte del farmacéutico deben continuar, garantizando que la paciente no se sienta sola y que perciba la farmacia como un espacio de confianza y referencia en su recuperación.