Lo más reciente fue un reconocimiento, formal, tan formal como el Boletín Oficial del Estado (BOE), del Ministerio de Sanidad. Para el departamento de Mónica García, las farmacias tienen un “papel esencial” en la educación para salud y como elemento de cohesión social, “garantizando el uso seguro y eficiente de los medicamentos”. ¿El contexto? La publicación del convenio entre el ministerio y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) en materia de prevención del tabaco. Es más, Sanidad vio, en este convenio, “una oportunidad” para poder participar en las actividades del Consejo General, y considera “necesario involucrarse en la lucha contra el tabaquismo y otras iniciativas en salud pública, garantizando su eficacia, coordinación y reconocimiento”.
Las farmacias, por lo tanto, son un punto clave de la Salud Pública en España. Sin ir más lejos, por todo el país se extiende una red de farmacias centinela encargadas de la farmacovigilancia. La adherencia a los tratamientos pasa también por informar de las reacciones no deseadas que pueden llegar a causar, y los farmacéuticos son profesionales con formación y experiencia para guiar a los pacientes que entren en la farmacia con este tipo de problemas.
“Realizar este trabajo de farmacovigilancia es una parte muy importante de nuestro ejercicio profesional”, aseveraba Mónica Álvaro, farmacéutica en el municipio de Tiñosillos (Ávila). “Estamos en contacto diario con los medicamentos y con las personas que los utilizan, por ello, todo lo que sucede en torno a ellos forma parte de nuestra responsabilidad. Además de la ilusión y las ganas de emprender proyectos nuevos, en colaboración con compañeros, realizando una labor con tanto impacto en la sociedad y que supone un avance de nuestra profesión”, destacó.
La labor centinela es “imprescindible” para los pacientes y la Salud Pública, ya que es necesario conocer “cómo se comporta un medicamento una vez que se comercializa y se utiliza en condiciones reales”, indicaba. “Cuando un fármaco sale al mercado, la información que tenemos procede de los ensayos clínicos, que, aunque están diseñados para aportar datos fiables, presentan limitaciones: se realizan durante periodos de tiempo concretos, por lo que no sabemos qué ocurre cuando el tratamiento se prolonga, y además incluyen poblaciones seleccionadas, dejando fuera grupos que después utilizarán el medicamento, como personas mayores, embarazadas o pacientes con patologías múltiples”, especificó la experta.
Así, informar sobre lo que sucede en la práctica diaria es “fundamental para detectar problemas que no aparecieron en los ensayos, ajustar recomendaciones y tomar decisiones que garanticen que los tratamientos sean cada vez más eficaces y seguros. En definitiva, este trabajo protege la Salud Pública y aporta confianza a los pacientes porque saben que hay un sistema vigilando y mejorando continuamente la seguridad de los medicamentos”.
La vacunación en farmacias, una reivindicación de Salud Pública histórica de la profesión
Mejor es, como reza el dicho, prevenir que curar, y la mejor herramienta de prevención con la que cuenta la Salud Pública es la vacuna. Las vacunas, en general. Y aunque la Salud Pública es, por definición, colaborativa, las farmacias españolas no pueden aportar sus conocimientos en el terreno de la vacunación. En España, los farmacéuticos no pueden prescribir ni administrar vacunas. El caso español es una rara avis dentro del mundo occidental.
Solo unos pocos países más de nuestro ámbito, como Austria, impiden a estos profesionales ejercer una función habitual en la mayoría de la Unión Europea (en Portugal, Francia, Alemania, Italia, Bélgica o Irlanda, sin ir más lejos, por ejemplo, pueden prescribir y administrar), así como en el mundo anglosajón (Estados Unidos, Canadá y Reino Unido también permiten estas labores) o incluso Iberoamericano (como en los casos de Brasil y Argentina). Es más, otros países más lejanos de la Unión Europea, como Finlandia o Países Bajos, también permiten a los farmacéuticos, por lo menos, administrar vacunas, aunque no prescribirlas.
España es, por tanto, un caso especial en el que la legislación impide que los profesionales farmacéuticos, a pesar de su cercanía con la población, su accesibilidad y su capilaridad, vacunen. Sin embargo, la Federación Farmacéutica Internacional (FIP, por sus siglas en inglés) señalaba en un informe sobre este ámbito que “dada su accesibilidad, sus cualificaciones y su experiencia en la gestión de la atención al paciente, los farmacéuticos, en particular los que trabajan en farmacias comunitarias o centros de atención primaria, están en condiciones de desempeñar un papel fundamental en el avance de los esfuerzos mundiales de inmunización”.
“Con este enfoque, contribuyen al funcionamiento eficiente y resiliente del sistema sanitario y aportan valor a los pacientes. Cada vez se acepta más la ampliación de las funciones de los farmacéuticos en la prestación de servicios de salud, y una proporción significativa de la población expresa su confianza en las capacidades de los farmacéuticos y se muestra abierta a recurrir a ellos para los servicios de Atención Primaria”, concluyen.
Cabe recordar que en España hay más de 22.000 farmacias que podrían participar en estas tareas de inmunización y de salud pública. Rosario Cáceres, tesorera de la Asociación Española de Vacunología (AEV), es, asimismo, farmacéutica. Desde su punto de vista, se podría “capacitar a las farmacias para que pudiéramos vacunar. Creo firmemente que aumentarían muchísimo las coberturas vacunales, por ejemplo, antigripales en pacientes crónicos jóvenes, porque son nefastas, pacientes diabéticos, cardiópatas, incluso oncológicos”. Si se pudiese vacunar en farmacias “aumentarían esas coberturas, estoy convencida, tanto de gripe como de COVID-19”.
Además, Cáceres incide en los pacientes de mutualidades, MUFACE o ISFAS. “Para esos pacientes es un auténtico suplicio recibir una vacuna, porque tienen que hacer un camino largo: primero, que se la receten; después, con la receta, tienen que venir a la farmacia, tienen que comprarla y pedir un ticket; después con ese ticket tienen que ir a reclamarlo en la mutualidad, tienen que buscar a alguien que se la administre… Para esos pacientes desde luego el que se pudiera vacunar en la farmacia sería un antes y un después”, concluye.
La experta insiste, asimismo, en los pacientes crónicos jóvenes, que, “al estar bien controlados, no acuden al centro salud y para el centro es difícil identificarlos. En la farmacia, en cambio, cada vez que dispensamos su medicación, podemos ofrecerle pasar a la zona de atención personalizada para vacunarse. Las coberturas de este colectivo mejorarían muchísimo”.
La intención de los farmacéuticos de vacunar en la oficina responde a la necesidad de aumentar coberturas y colaborar en campañas de vacunación, prosigue Cáceres. “Nosotros tenemos ya de por sí muchas cosas que hacer en la farmacia, no es que estemos reclamando esto como un derecho del farmacéutico, sino que pensamos de corazón, como siempre hacemos, que es un bien para la para la población, igual que cuando dispensábamos los test de COVID-19 y las mascarillas o igual que cuando estuvimos toda la pandemia abiertos”, afirma.
El proyecto pionero de farmacias cardio y neuro protegidas
Las enfermedades cardiovasculares son la causa de 1,7 millones de muertes en la Unión Europea, según los datos de la Comisión Europea, y afectan a 62 millones de personas. Y estas dolencias no solo preocupan en los adultos. La institución destaca que uno de cada tres niños tiene sobrepeso u obesidad y están en riesgo de desarrollar problemas de salud cardiovascular. Es más, para 2050 se ha calculado un incremento del 90% en este tipo de enfermedades.
En este sentido, la Agrupación Farmacéutica de la Unión Europea (PGEU) publicó un posicionamiento sobre el papel que deben tener los farmacéuticos en los programas de salud cardiovascular tanto nacionales como comunitarios. En este sentido, de acuerdo con la entidad, los profesionales cuentan con una “posición única para reforzar la salud cardiovascular en Europa”, dada la accesibilidad que tienen y su experiencia, ya que, con estas herramientas, la UE “puede lograr una prevención más temprana, un mejor cumplimiento del tratamiento y un mejor acceso a los medicamentos, lo que, en última instancia, salvará vidas”.
Por todo ello, y con el propósito de mejorar la salud cardiovascular de los ciudadanos de la UE a través del diagnóstico temprano y el tratamiento, PGEU ha hecho un llamamiento, en su documento de posicionamiento, a las autoridades nacionales y comunitarias para que integren, de forma plena, a los farmacéuticos comunitarios en los programas de prevención de este tipo de dolencias, “garantizando que su papel se refleje en el próximo Plan de la Comisión Europea sobre Salud Cardiovascular y en el informe de iniciativa propia del Parlamento Europeo”.
En este sentido, la ciudad de Córdoba contará con la primera red de farmacias cardio y neuro protegidas de España con el fin de ayudar a la prevención y detección precoz de enfermedades cardiovasculares o un ictus y contribuir a ofrecer una mejor y más rápida respuesta ante este tipo de emergencias sanitarias, reduciendo los tiempos de primera actuación ante una parada cardiorrespiratoria o un accidente cerebrovascular, mediante la implantación de desfibriladores externos automatizados (DEA) en las oficinas y la formación especializada de sus farmacéuticos.
Rafael Casaño, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Córdoba (una de las instituciones impulsoras de la iniciativa) explicaba que se trata de un proyecto “de ciudad” que ha implicado, también, a la Administración local, pues el ayuntamiento ha sido l que ha adquirido los DEA. El programa pasa por la formación y por la elaboración de un protocolo para casos de sospecha de ictus, para que el profesional pueda “atender dicha sospecha. Esta parte se va a hacer en toda la provincia”. El protocolo, ampliaba, Casaño, es importante porque estas patologías son tiempo-dependientes: “Con cada minuto que ganemos podemos salvar una vida o evitar la aparición de secuelas”.
“Entre la formación y el protocolo, nosotros, ante la sospecha, vamos a llamar al 061, le realizaremos al paciente el test de Cincinnati para valorar la posibilidad de ictus, le daremos información filtrada, datos importantes, como la glucosa, la temperatura… Todo esto nos hace ganar tiempo para cuando lleguen los profesionales de emergencias e incluso se podrá descartar la posibilidad de ictus, tendrán mucho trabajo hecho”, destacó.
En este sentido, el presidente del COF de Córdoba explicó que unos 300 farmacéuticos y sus equipos pasarán por estos cursos. “Se van a impartir casi a diario y los domingos, con los formadores preparados. Esto ha sido ejemplar”, enfatiza. Y esto es importante para que se “ponga en el centro” a los farmacéuticos, “han entendido que la farmacia es el sitio ideal para este proyecto, que es la clave del proyecto”.
Complementando a la formación, se han grabado vídeos, “se han preparado en conjunto con el Colegio, para saber cómo tratar a una persona que entra en tu farmacia” con sospecha de eventos de este tipo, para saber reaccionar, “que sepas cómo no poner nervioso, si viene un acompañante, cómo tratarlo, cómo transmitir esto al 061 para ganar tiempo…”.
Una persona que sufra una parada cardiorrespiratoria o un síndrome coronario agudo y no tenga tratamiento con desfibrilador o con RCP tiene unas posibilidades de supervivencia del 5% o del 10%, confirma el farmacéutico. En cambio, si en los primeros 5 o 10 minutos se trata, aumentan el 50%. “Por eso es importante que el desfibrilador esté en la farmacia, no solo para que lo use el farmacéutico, sino, por ejemplo, un médico de urgencias que esté allí”. Es muy importante, de esta forma, saber dónde están los desfibriladores.
“Los grandes protagonistas del proyecto han sido los farmacéuticos”, destaca. “Cuando te embarcas en un proyecto esta envergadura también asumes responsabilidades, porque nosotros somos expertos en medicamento y llevamos en el ADN querer ayudar a nuestros pacientes”. Casaño contaba que los profesionales van a costear su propia formación e invertir tiempo en ella. “Aun así, prácticamente el 100% de las farmacias a las que se les propuso dijeron ‘sí’, y hemos tenido que ofrecer más cursos, porque se iban llenando. La respuesta no puede ser mejor, y lo esperaba, porque conozco a mis compañeros”, concluyó.