Tejedor: «El peso del farmacéutico en la toma de decisiones sanitarias es claramente insuficiente»

El GlobalFarma entrevista a Noelia Tejedor, candidata a la presidencia del COF de Madrid por Impulso Farmacéutico, de cara a las elecciones del 19 de abril

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La carrera por la presidencia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COF de Madrid) entra en su recta final con tres candidaturas que reflejan visiones distintas sobre el futuro de la profesión. Entre ellas, la de Noelia Tejedor, al frente de Impulso Farmacéutico, que se presenta con un discurso centrado en la defensa del farmacéutico y la necesidad de activar cambios estructurales en la institución colegial.

Su candidatura pone el foco en la modernización del Colegio y en el refuerzo del papel del farmacéutico en un contexto marcado por la presión económica, los cambios regulatorios y la evolución del modelo asistencial. En este escenario, Tejedor plantea un programa orientado a reforzar la representatividad de la profesión y a trasladar avances concretos al ejercicio diario.

En esta entrevista, responde al cuestionario planteado por El GlobalFarma, al igual que el resto de candidatos —María Magdalena del Campo y Matilla y el actual presidente en funciones, Manuel Martínez del Peral—, en un proceso electoral que marcará el rumbo del COF madrileño en los próximos años

Pregunta. ¿Cuáles son los ejes principales de su programa electoral y qué prioridades marcarán su mandato?

Respuesta. Nuestros ejes estratégicos se articulan en torno a tres pilares fundamentales: defensa del farmacéutico, modernización institucional y mejora real de la práctica profesional.

En primer lugar, la defensa firme del modelo farmacéutico y de los intereses de los colegiados será una prioridad absoluta. Esto implica actuar con determinación frente a cualquier injerencia externa, reforzar nuestra posición ante la Administración y garantizar que desarrollos normativos como la LOAF se implementen con criterios que protejan a la profesión y aporten valor real.

En segundo lugar, apostamos por una transformación del Colegio hacia un modelo más abierto, participativo y transparente. Queremos una institución accesible, con rendición de cuentas efectiva, donde todos los colegiados puedan intervenir y sentirse representados, mejorando además los canales de comunicación, los servicios de apoyo y la calidad de la gestión.

El tercer gran eje es el impulso del desarrollo profesional. Esto pasa por potenciar los servicios farmacéuticos con base científica, promover la investigación, ofrecer formación independiente y de calidad, y abordar cuestiones clave como la rentabilidad de la farmacia comunitaria, la mejora de la empleabilidad o el desarrollo del medicamento de uso animal.

En definitiva, hablamos de un programa centrado en generar avances concretos y medibles, orientado a reforzar el papel del farmacéutico como agente sanitario clave y a dotar al Colegio de una mayor utilidad real para sus colegiados.

P. ¿Qué iniciativas plantea para reforzar el papel del farmacéutico comunitario dentro del sistema sanitario?

  • R. Desplegar de forma efectiva nuestras competencias asistenciales. La prioridad es clara: implantar de manera real los servicios profesionales farmacéuticos, medir su impacto en salud y garantizar una remuneración adecuada, en colaboración leal con la atención primaria, de forma protocolizada y con una comunicación eficaz
  • No estamos hablando de un planteamiento teórico. Es una realidad consolidada en otros entornos, donde ya se retribuyen servicios como los sistemas personalizados de dosificación, la revisión del uso de inhaladores o los programas de cribado, con modelos mixtos de financiación y resultados contrastados.
  • En Madrid, sin embargo, estos avances siguen sin materializarse. Por eso, el debate es sencillo: continuar en una situación de estancamiento o apostar por un modelo que ya ha demostrado ser viable, eficiente y beneficioso tanto para el sistema como para los pacientes.

P. Desde su punto de vista, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta actualmente la profesión farmacéutica y cómo propone abordarlos?

Si nos centramos en la comunitaria, lo primero es cuidar la economía de la farmacia. La continúa bajada de precios, los RD, la salida de los medicamentos innovadores a los hospitales, el riesgo de perder el medicamento de uso animal, y el no avance, sino además retroceso (ya que hemos perdido la vacunación), en los servicios profesionales, generan un escenario que preocupa al sector. ¿Cómo abordarlos? Los RD son a nivel nacional, pero el colegio forma parte del consejo, y no hay que perder una oportunidad para reivindicar tanto su actualización como su eliminación, o al menos su reinversión en el sector.

Respecto a los hospitalarios. No podemos volver a claudicar. No podemos convertir a las farmacias en meros lockers de recogida de medicamentos. Se debe establecer una dispensación compartida, en la que se busque la excelencia en la atención al paciente, y la eficiencia del sistema.

Respecto a otros ámbitos de actuación, a pesar del alto nivel de formación y cualificación del farmacéutico, su peso real en la toma de decisiones sanitarias es claramente insuficiente. Su presencia en ámbitos estratégicos —docencia, gestión hospitalaria o puestos de responsabilidad en la Administración— es limitada, lo que reduce su capacidad de influencia en el desarrollo del sistema sanitario. Esta escasa representación institucional ha derivado en una pérdida progresiva de protagonismo de la profesión en espacios clave donde se definen políticas, prioridades y modelos asistenciales.

Revertir esta situación es fundamental: no solo para reforzar el reconocimiento del farmacéutico, sino para garantizar que su conocimiento y su capacidad aporten valor allí donde realmente se toman las decisiones.

P. ¿Cómo valora la gestión y el trabajo desarrollado por el equipo anterior durante su mandato?

R. Inmovilista. Cuatro años de oportunidades perdidas. Una etapa claramente, marcada más por la inacción que por los avances. Más allá de declaraciones y posicionamientos, el farmacéutico no ha percibido cambios reales ni mejoras tangibles en su ejercicio profesional cotidiano.

No se han registrado progresos en el desarrollo de la LOAF, ni se ha defendido con la contundencia necesaria el ámbito del medicamento de uso animal. Del mismo modo, sigue sin existir una hoja de ruta definida que impulse de forma efectiva la implantación de los servicios profesionales farmacéuticos, ni se ha abordado una cuestión relevante como la eliminación del cupón precinto de forma garantista.

En conjunto, se trata de un mandato con escaso impacto práctico: predominio del discurso frente a la ejecución.

A ello se suma una preocupante falta de transparencia. La información presupuestaria se presenta de forma poco desglosada y, además, el presupuesto ejecutado correspondiente a 2025 no se encuentra disponible, lo que dificulta enormemente que los colegiados puedan valorar la gestión realizada.

Por otro lado, resulta especialmente inquietante la dinámica observada en las asambleas. No se están garantizando condiciones que favorezcan una participación libre y sin condicionamientos. La restricción en el uso de urnas y la preferencia por votaciones a mano alzada pueden influir en la libertad de decisión de los colegiados, generando una percepción de falta de neutralidad que no debería tener cabida en una corporación profesional. Además, las Asambleas deberían ser retransmitidas en streaming.

Por todo ello, cuando lleguemos, realizaremos una auditoria externa e independiente, y transcurridos los cien primeros días desde la Toma de Posesión, nos comprometemos a convocar una Asamblea General Extraordinaria para, en un informe de Presidencia, dar a conocer la situación del Colegio y de la Sociedad Mercantil en los ámbitos patrimonial, económico, de representación y personal; de servicios a los colegiados, de las cuotas por servicio de la facturación de recetas y de relación con la Consejería de Sanidad y, por primera vez, elevar a la Asamblea General propuestas concretas de la nueva Junta de Gobierno para ser ratificadas con la información y transparencia que los colegiados se merecen.

P. ¿Qué iniciativas impulsaría para mejorar la coordinación entre farmacia y el resto del sistema sanitario?

R. A mi juicio, el principal problema de coordinación no es técnico, sino conceptual. Ni otros profesionales sanitarios ni, en muchos casos, la propia Administración, tienen una visión clara del potencial que puede aportar la farmacia comunitaria en términos de eficiencia, resultados en salud y descongestión de la atención primaria.

Por eso, el primer paso debe ser generar evidencia sólida. Necesitamos estudios económicos, análisis de impacto y sistemas de registro bien estructurados que demuestren, con datos, el valor real de nuestra intervención. Si a esto le sumamos el respaldo de los pacientes, estaremos en una posición mucho más fuerte para plantear propuestas concretas y negociarlas con la Administración.

En paralelo, es imprescindible replantear algunas estrategias que no han funcionado como se esperaba. Hay iniciativas que, lejos de favorecer la colaboración, han generado tensiones innecesarias con otros profesionales sanitarios, al no aportar un valor clínico claro. La coordinación no puede basarse en medidas que se perciban como meramente administrativas o que interfieran en la práctica de otros colectivos.

El camino pasa por desarrollar verdaderos modelos de colaboración, basados en protocolos consensuados y en una comunicación estructurada, útil y eficiente. No se trata de trasladar información sin filtro, sino de establecer criterios claros sobre qué comunicar, cuándo y con qué nivel de prioridad.

Existen ejemplos internacionales que demuestran que esto es viable. Sistemas de comunicación jerarquizada —por ejemplo, mediante niveles de prioridad— permiten trasladar incidencias relevantes sin sobrecargar al médico, facilitando una respuesta ágil cuando realmente es necesaria y aportando valor clínico en cada intervención.

Para que este modelo funcione, es fundamental definir bien los procesos, formar adecuadamente a los farmacéuticos y generar confianza con el resto de los profesionales sanitarios. Solo así conseguiremos que se nos perciba como lo que realmente somos: un aliado asistencial clave dentro del sistema, y no un elemento disruptivo.

P. ¿Qué acciones propone para reforzar la confianza de la ciudadanía en el farmacéutico como profesional sanitario?

La confianza de la ciudadanía en el farmacéutico es elevada y está sólidamente consolidada. Nuestra accesibilidad, cercanía y capacidad de resolución nos sitúan entre los profesionales sanitarios mejor valorados.

Sin embargo, el reto no está en generar confianza desde cero, sino en reforzarla en aquellos puntos donde se debilita. Uno de ellos es la percepción de mensajes contradictorios entre profesionales sanitarios. En estas situaciones, el paciente tiende a priorizar el criterio médico, lo que evidencia la necesidad de avanzar hacia una comunicación más coherente y coordinada.

Por ello, es fundamental construir un modelo de trabajo verdaderamente colaborativo, en el que farmacéuticos y médicos actúen de forma alineada, con un objetivo común: optimizar los tratamientos y mejorar los resultados en salud. No se trata de competir, sino de integrar capacidades y reforzar el enfoque asistencial.

En este contexto, también es necesario replantear las estrategias de visibilizarían de la profesión. Las campañas genéricas, con escaso impacto real en la población, no han contribuido de forma significativa a fortalecer nuestro posicionamiento. La credibilidad del farmacéutico no se construye desde el marketing, sino desde la práctica asistencial, los resultados y la integración efectiva en el sistema sanitario.

En definitiva, la confianza ya existe, pero su consolidación pasa por coherencia clínica, coordinación interprofesional y hechos concretos que refuercen nuestro papel como profesionales sanitarios clave.


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