La industria farmacéutica española se encuentra en una encrucijada histórica que exige decisiones audaces y apoyos sin fisuras. Por un lado, contamos con un potente músculo investigador y productivo: más de 100 plantas de producción de medicamentos de uso humano —103 en concreto— que sitúan a nuestro país como uno de los hubs farmacéuticos clave en Europa.
Por otro lado, hemos visto un crecimiento espectacular de las exportaciones: en 2022 la industria farmacéutica alcanzó los 26.818 millones de euros en ventas al exterior.
Estos dos elementos —capacidad productiva consolidada + proyección internacional creciente en investigación clínica— configuran una oportunidad estratégica para que España afiance su posición entre los líderes europeos en innovación, producción y valor añadido. Pero esa oportunidad exige una respuesta comprometida: política, regulatoria y de inversión.
"no basta con que España tenga capacidad y haya logrado hitos en investigación y producción: el entorno cambia rápido"
Potencial establecido
El dato de 103 plantas de producción indica que compañías nacionales y multinacionales apuestan por España como base de fabricación para el mercado global. Esa infraestructura industrial, sumada a un tejido de I+D robusto (con alta cualificación del personal y una intensidad de I+D superior a la media) da al país una ventaja competitiva que muchas economías europeas envidian. Pero también refuerzan la autonomía estratégica perseguida por la UE.
Resultados de exportación que hablan
Las ventas al exterior de aproximadamente 26.818 M € en 2022 demuestran no solo la escala del negocio, sino también la globalización de la cadena productiva española.
Más allá del volumen, también importa que los mercados receptores son diversos y sofisticados (UE, Suiza, EE.UU., China) lo que habla de confianza internacional en la industria española.
“Europa lleva veinte años estancada en inversión en I+D, pero aún no es tarde para reaccionar"
Fina Lladós, presidenta de Farmaindustria
El momento exige ambición
Como recordó Fina Lladós, presidenta de Farmaindustria, durante la Asamblea General Extraordinaria, “Europa lleva veinte años estancada en inversión en I+D, pero aún no es tarde para reaccionar”. Su llamada no fue retórica, sino una advertencia: si España quiere transformar su potencial en liderazgo, debe actuar con decisión, enviar señales claras de compromiso y aprovechar este contexto geopolítico para atraer más inversión en innovación biofarmacéutica. En sus palabras, de ello depende no solo la salud de los ciudadanos, sino también la seguridad económica y la competitividad de nuestro país.
Por eso, no basta con que España tenga capacidad y haya logrado hitos en investigación y producción: el entorno cambia rápido. La competencia mundial, los retos en I+D, la transformación digital y los nuevos marcos regulatorios en Europa requieren que España avance desde ser un buen actor a convertirse en un actor líder. La llamada de Farmaindustria de dar “señales claras de compromiso político” no puede caer en saco roto.
¿Qué debe hacer España?
- Consolidar un marco regulatorio estable y predecible que valore la innovación y la producción en territorio nacional.
- Incrementar los incentivos fiscales y financieros para que la I+D de terapias avanzadas, biotecnología y producción de principios activos tenga su residencia en España.
- Asegurar que las más de 100 plantas existentes (y nuevas que puedan instalarse) tengan el acceso a talento humano y empleo, infraestructuras y cadenas de suministro que les permitan competir con los grandes polos europeos.
- Promover la internacionalización de la industria española no solo como “productora”, sino como “creadora” de valor, con investigación, innovación y exportación de tecnología de producción.
- Avanzar en el liderazgo de investigación clínica, incorporando la atencion primaria y afianzando la hospitalaria.
España tiene ante sí una ventana de oportunidad única para consolidar su industria farmacéutica como pilar estratégico de competitividad, salud y bienestar. Pero el reloj está corriendo: la apuesta debe ser decidida ahora para que dentro de diez, veinte años no recordemos este momento como una promesa, sino como el punto de inflexión