El desabastecimiento de medicamentos ha dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en un reto sistémico, global y creciente que pone a prueba la resiliencia de nuestro sistema sanitario. No nos enfrentamos a un problema puntual, sino al resultado de tensiones estructurales en la cadena global del medicamento, agravadas por factores geopolíticos, una excesiva concentración de la producción fuera de Europa y políticas de precios que a menudo comprometen la rentabilidad de fármacos esenciales.

Recientemente he comparecido ante la Comisión de Sanidad del Senado junto con el Dr. Jaume Sellarès, vicepresidente del Col·legi de Metges de Barcelona (CoMB), para trasladar una realidad que vivimos cada día en las farmacias y consultas de Atención Primaria: el problema de suministro de medicamentos, un reto sanitario que afecta a la seguridad clínica del paciente y que requiere respuestas integradas y urgentes.
El impacto a pacientes y farmacéuticos
Detrás de cada falta de suministro hay un paciente que sufre incertidumbre y ansiedad. El impacto es especialmente severo en pacientes mayores, que viven solos, con problemas de movilidad y que precisan de terceras personas para su cuidado, para quienes una interrupción en su tratamiento puede derivar en descompensaciones graves de su patología y, en última instancia, en un aumento de la morbi-mortalidad.
A nivel profesional, un informe europeo reciente señala que las farmacias comunitarias dedican una media de 12 horas semanales a gestionar estas faltas. Este esfuerzo silencioso de farmacéuticos es lo que permite que, en la gran mayoría de los casos, el paciente acabe recibiendo su medicación, absorbiendo el sistema el impacto de forma interna a costa de un sobreesfuerzo asistencial y administrativo.
Un plan de choque para reforzar la resiliencia del sistema
Desde Barcelona, farmacéuticos y médicos hemos propuesto un decálogo de actuaciones estratégicas para pasar de una gestión reactiva a una anticipatoria. Entre las propuestas que hemos trasladado al Senado, destacan:
- Medicamentos como producto estratégico: impulsar una visión europea que garantice producción, fabricación, comercialización y distribución, reduciendo dependencias críticas.
- Protocolos de sustitución consensuados (médicos-farmacéuticos): disponer de guías por patología/grupo terapéutico y niveles de impacto, con criterios de seguridad, equivalencias y seguimiento.
- Capacidad de actuación profesional con garantías: ampliar y clarificar, en situaciones puntuales y seguras, qué ajustes se pueden realizar en la farmacia (y cuándo requiere cambio de prescripción), con circuitos y responsabilidades definidos.
La capacitación del farmacéutico para cambiar la forma farmacéutica de un fármaco es una necesidad legal inaplazable.
Se trata de una competencia histórica que desde la profesión farmacéutica llevamos años reclamando legítimamente. Ante la inminente reforma de la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, confiamos firmemente que el nuevo marco legal reconozca explícitamente la capacidad del farmacéutico para sustituir, en situaciones justificadas y debidamente protocolizadas, la forma farmacéutica. Esta ampliación de competencias se plantea siempre bajo un prisma de máxima seguridad clínica, con el fin de evitar un sobrecoste al sistema, debido a nuevas citas médicas para un cambio de prescripción o desplazamientos innecesarios de los pacientes a los Centros de Atención Primaria. Nuestro compromiso es trabajar de forma proactiva para que el acceso a los medicamentos sea, en todo momento, una garantía innegociable, blindando la seguridad clínica frente a las incertidumbres del mercado y asegurando que la salud de los ciudadanos siga siendo el eje central de toda actuación asistencial.
*Por Jordi Casas Sánchez, presidente del Col·legi de Farmacèutics de Barcelona (COFB) y del Consell de Col·legis de Farmacèutics de Catalunya (CCFC)