A unque puede ser contraproducente generalizar, puede que no sea una equivocación asegurar que en la profesión farmacéutica española existe una tendencia generalizada hacia la búsqueda de la excelencia. En cualquiera de las diferentes modalidades de ejercicio y, con más ímpetu, en aquellas cuya labor tiene contacto o beneficio directo para el paciente. Es el caso, por ejemplo, de los cerca de 55.000 farmacéuticos comunitarios que ejercen en la red de boticas nacional.
En los últimos años, en ese avance de la farmacia asistencial que, piano piano, va dando resultados, las farmacias han ido apostando por la prestación de servicios profesionales asistenciales farmacéuticos. En algunos casos, con el amparo de las Administraciones (programas públicos) y, en otras, a propia iniciativa particular de los establecimientos con sus pacientes. Como apoyo en esta especialización, los boticarios han tenido a su disposición múltiples documentos, guías, protocolos emanados de otras múltiples entidades.
La farmacia asistencial tiene una suerte de cónclave en el Foro de Atención Farmacéutica en Farmacia Comunitaria, en el que se integran el Consejo General de Farmacéuticos, Sefac, la Fundación Pharmaceutical Care, la Conferencia de Decanos de Farmacia y el Grupo de Investigación en AF de la Universidad de Granada. Con el fin de unificar criterios, este Foro acaba de publicar la “Guía de Competencias profesionales para la prestación de Servicios Profesionales Farmacéuticos Asistenciales en la Farmacia Comunitaria”.
Aunque las iniciativas asistenciales particulares de cada farmacia —y las vías formativas que se tomen para ejecutarlas— son loables, es positivo que exista un documento de referencia
El documento, engloba un mapa de 31 competencias que el farmacéutico debe tener para la prestación de servicios asistenciales desde la farmacia, aportando así eficacia y eficiencia al sistema sanitario. Este enumera por primera vez las funciones del farmacéutico comunitario, definiendo su trabajo y las competencias de su formación académica y laboral.
Entrevista clínica, indicación farmacéutica, comunicación con el paciente y/o cuidador, colaboración multidisciplinar, registrar intervenciones, evaluar resultados, atención domiciliaria, seguimiento del paciente, notificar RAM… Son solo algunos de los conceptos y acciones que recoge esta guía —y que ya se llevan a cabo en el día a día de las farmacias— que bien viene tener a mano en las reboticas.