La innovación llega, pero Europa pierde competitividad

Lo importante es disponer de innovación, no importa su procedencia; pero la UE debe recuperar terreno si quiere mayor autonomía estratégica.

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Las nuevas tecnologías y los grandes avances que se están llevando a cabo en el ámbito de la investigación hacen que la industria farmacéutica esté entrando en una nueva era del desarrollo de medicamentos, con terapias cada vez más revolucionarias aportando beneficios que repercuten directamente en las personas y en la historia natural de la enfermedad.

Y es que los tratamientos son cada vez más específicos y ofrecen medicina de precisión a pacientes que no se han beneficiado con tratamientos tradicionales. Las áreas en las que se experimentará un mayor desarrollo de fármacos de cara a 2030 son la oncología, el sistema nervioso central y la obesidad. De hecho, en el ámbito oncológico, las nuevas modalidades, como los conjugados anticuerpo-fármaco (ADC), los anticuerpos bi o multiespecíficos, los radiofármacos y los fármacos basados en oligonucleótidos están abriendo más dianas y mecanismos de orientación, ofreciendo nuevas oportunidades.

Toda esa innovación es crucial que llegue a Europa y, por ende, a España. Y lo hace, aunque no siempre se investiga y desarrolla en nuestro continente, lo que no favorece la autonomía estratégica y competitividad europea que tratan de promover tanto la UE como España.

Según el informe de la EFPIA ‘The Pharmaceutical Industry in Figures 2024’, la industria farmacéutica invirtió 50.000 millones de euros en I+D en Europa en 2023, empleó directamente a unas 900.000 personas y generó unas tres veces más empleo indirectamente, en fases anteriores y posteriores, que directamente.

Sin embargo, países como Brasil, China o India van ganando terreno, con un rápido crecimiento de sus mercados y entornos de investigación. Durante el periodo 2018-2023, los mercados brasileño, chino e indio crecieron un 12,3 por ciento, 5,4 por ciento y 9,9 por ciento, respectivamente. Por no hablar de Estados Unidos, que según destaca el mencionado informe de EFPIA, en 2023 representó el 53,3 por ciento de las ventas farmacéuticas mundiales, frente al 22,7 por ciento de Europa.

Por tanto, todos los esfuerzos de inversión en investigación e innovación para Europa deje de ceder terreno en investigación, son pocos. Si queremos una industria 'made in Europe' como se viene reclamando en los últimos años, será necesario recortar distancia con los países que están provocando el desplazamiento de las actividades económicas y de investigación hacia mercados no europeos. Y la fórmula pasa por los estímulos adecuados a la investigación.


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