El gasto sanitario de los españoles

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Cuando se habla del gasto sanitario en Europa, se tiende a asumir que en España los pacientes disfrutan de una sanidad pública gratuita y universal, contribuyendo menos que en otros países al sostenimiento del sistema. Sin embargo, un análisis detallado de los datos y los mecanismos de financiación revela que esta percepción es, cuando menos, matizable.

En primer lugar, es cierto que las consultas médicas, las urgencias hospitalarias y las intervenciones quirúrgicas dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS) o los medicamentos hospitalarios son gratuitos en España. Esto contrasta con sistemas como el francés o el alemán, donde los pacientes suelen asumir parte del coste de cada visita médica o el pago adelantado de una parte de la medicación hospitalaria. Sin embargo, este dato por sí solo no significa que el paciente español contribuya menos al gasto sanitario general. De hecho, en términos globales, los ciudadanos en España pagan de su bolsillo un 19,6% del gasto sanitario, por encima de la media europea del 14,4%.

Pago por gastos sanitarios

Los factores que explican esto son varios, incluyendo el copago farmacéutico extrahospitalario, el uso de la sanidad privada por el 25% de la población y ciertas áreas no cubiertas.

Uno de los principales factores que explican este fenómeno es el copago farmacéutico. A diferencia de otros países como el Reino Unido, donde existe un sistema de exenciones más amplio o copagos fijos independientemente del medicamento, en España los trabajadores en activo deben asumir una parte del precio de los medicamentos recetados en la farmacia. Los pensionistas, aunque con descuentos, también tienen una contribución. Esto hace que el gasto en medicamentos sea una de las principales partidas que asumen los hogares españoles en materia de salud.

Gasto privado

Otro aspecto clave es el papel del sector privado. En España, aproximadamente un 25% de la población tiene un seguro sanitario privado, uno de los porcentajes más altos de Europa. La saturación de la sanidad pública y los largos tiempos de espera han llevado a muchas familias a contratar seguros privados para acceder más rápidamente a consultas y pruebas diagnósticas. Este gasto no es directamente visible en las cuentas de la sanidad pública, pero supone una carga significativa para los ciudadanos. De hecho, al juntar gasto sanitario público y privado nos situamos por delante de Italia en relación al PIB. En 2022, el total de España se situó en el 10,4% del PIB, un 7,3% gasto público y un 3,1% gasto sanitario privado. Alemania y Francia se sitúan sobre el 12%.

Por último, hay que tener en cuenta que ciertos servicios no están cubiertos por el SNS o tienen una cobertura muy limitada. La odontología, la fisioterapia, la podología o la oftalmología requieren en muchos casos de atención privada, lo que incrementa el gasto sanitario directo de los ciudadanos. Sin embargo, se trata de asignar recursos y priorizar, y tiene sentido que las enfermedades graves que se tratan en centros hospitalarios tengan más recursos frente a otras intervenciones. En otros países europeos algunos de estos servicios están parcialmente financiados por el Estado o cuentan con sistemas de reembolso, y España el paciente debe asumir casi la totalidad del coste de estos servicios.

Aunque el acceso a la atención médica en España está garantizado y las consultas en el SNS son gratuitas, como la medicación hospitalaria, esto no significa que los ciudadanos paguen menos por su salud que en otros países europeos. El alto peso de la sanidad privada, elegida libremente por funcionarios y otras personas, y la ausencia de cobertura en determinados servicios, generan un gasto sanitario directo superior al que podría esperarse en un sistema que es universal y gratuito, pero no tanto. Esta realidad debe ser tenida en cuenta en el debate sobre la sostenibilidad y equidad del sistema sanitario español.