En un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, la Comisión Europea aprobó el pasado 19 de marzo el Libro Blanco para la Defensa Europea. Sin embargo, se echa en falta que en este documento no se mencione el papel crucial que la industria farmacéutica europea desempeñaría en un escenario bélico, tal y como se ha evidenciado en la guerra en Ucrania.

Durante la pandemia de COVID-19, la industria farmacéutica europea demostró su liderazgo internacional no solo a través del desarrollo de vacunas eficaces, sino también por su notable capacidad productiva de medicamentos y tecnología sanitaria (siendo España uno de los principales polos de actividad en este ámbito). No obstante, la crisis sanitaria también puso de manifiesto nuestra dependencia de países como China e India para la adquisición de diversos principios activos esenciales para la fabricación de medicamentos.
En respuesta a esta situación, tanto la Comisión Europea como los diversos Estados miembros abogaron públicamente por la inversión en la industria farmacéutica europea. Se propuso fortalecer nuestras alianzas con terceros países, pero también reforzar nuestras propias capacidades e independencia productiva en el sector farmacéutico. Sin embargo, los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, así como la inestabilidad global, incluida la incertidumbre generada por una potencial guerra arancelaria, han eclipsado progresivamente muchos de los proyectos anunciados en esta línea (con alguna excepción digna de especial mención, como la propuesta de Reglamento de medicamentos críticos, cuyo objetivo es, precisamente, garantizar el abastecimiento de fármacos considerados esenciales en el mercado de la Unión Europea y reducir así la precitada dependencia de terceros países).
Sin embargo, aún queda margen para que esta circunstancia se reconduzca. La semana pasada, la Comisión Europea anunció que está preparando una nueva estrategia europea en el ámbito de las ciencias de la salud (la denominada Strategy for European Life Sciences), que tiene previsto adoptar este mismo año. Esta estrategia, anunciada tanto en las Directrices Políticas 2024-29 de la nueva Comisión Europea como en la Brújula de Competitividad (Competitive Compass), abordará diferentes sectores con el objetivo de fortalecer la investigación y la innovación en ciencias de la salud en la Unión Europea. Se ha abierto un plazo de audiencia pública (relativamente breve, teniendo en cuenta el carácter estratégico de esta iniciativa) hasta el 17 de abril a fin de poder formular propuestas sobre este proyecto comunitario. Sin embargo, la Comisión Europea ha facilitado, por el momento, muy pocos datos sobre el contenido concreto de esta nueva estrategia, más allá de referencias algo genéricas a los principios basilares que pretenden inspirar este proyecto (e. g., fomentar la innovación que facilite la transición verde y digital europea).
Está por ver el impacto real que tendrá esta estrategia en el presente escenario global (y, más concretamente, para la industria farmacéutica española). Sin duda, para garantizar el éxito de esta iniciativa es imperativo combinar un marco regulatorio pragmático que busque un —no siempre sencillo— equilibrio entre la deseada sostenibilidad ambiental y la necesidad de producir compuestos químicos esenciales para la industria farmacéutica. También es urgente revisar el encaje entre nuestra exigente normativa en sede de privacidad e inteligencia artificial y su potencial impacto —en ocasiones, con posibles efectos limitativos— en el ámbito de la investigación biomédica (si bien, sobre este aspecto ya se han dado algunos pasos, como el recientemente implementado Espacio Europeo de Datos de Salud). Además, es fundamental fomentar la innovación de manera real y proporcionar fondos suficientes que permitan reforzar y modernizar nuestra capacidad productiva en el conjunto de la Unión Europea.
Por último, en el contexto geopolítico actual, sería necesario, en opinión de este autor, coordinar esta estrategia europea en el ámbito de la industria de las ciencias de la salud con la estrategia en materia de defensa mencionada al principio de este artículo. Y es que la industria farmacéutica europea es un pilar fundamental de nuestra economía en tiempos de paz, pero no podemos dejar de advertir que, ante un indeseado escenario bélico, resultaría imprescindible para garantizar la seguridad europea. Por ello, la industria farmacéutica y la biotecnología deben situarse en el centro de todas las estrategias y proyectos europeos que se están definiendo en este momento en materia de seguridad y defensa.
En conclusión, el rearme de la industria farmacéutica europea es una necesidad imperiosa en el actual contexto geopolítico. La pandemia y el conflicto en Ucrania han puesto de manifiesto tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades. Es crucial que la nueva estrategia para las ciencias de la salud en Europa no solo aborde estos desafíos, sino que también proporcione un marco sólido para garantizar la independencia y la capacidad de respuesta de nuestra industria farmacéutica en el futuro ante cualquier posible escenario.
Francisco Javier García Pérez es abogado de Uría Menéndez.