Hantavirus: el problema no es el brote, es el déjà vu

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El brote de hantavirus detectado en un crucero frente a Cabo Verde ha reactivado la alerta sanitaria. Los expertos coinciden en que el riesgo de transmisión es bajo y que se trata de un episodio limitado. No estamos ante una amenaza global.

Pero tampoco es esto lo relevante.

Lo verdaderamente significativo es la sensación de déjà vu. La reaparición en escena de algunas de las voces que protagonizaron la gestión de la pandemia nos devuelve, inevitablemente, a aquellos primeros meses en los que dominaban la incertidumbre, la falta de información y las recomendaciones cambiantes. No se trata de cuestionar decisiones tomadas en un contexto desconocido, sino de recordar algo esencial: el sistema no estaba preparado.

Y cinco años después, la pregunta es incómoda. ¿Está el sistema y sus decisores preparados?

Porque mientras seguimos reaccionando ante cada incidente —ya sea un brote en un crucero o una alerta internacional— el marco estructural que debería sostener la respuesta sigue sin resolverse. España tiene sobre la mesa un borrador de Real Decreto para la preparación ante emergencias sanitarias. Pero sigue siendo eso: un borrador. General, poco operativo y sin capacidad real de transformar la respuesta en los primeros días de una crisis.

Madrid no espera

Mientras tanto, otras piezas empiezan a moverse.

La Comunidad de Madrid ha presentado ya su propio plan de emergencias sanitarias, con vocación operativa. Europa ha elevado la preparación ante pandemias al rango de inversión estratégica; no puede ser un gasto algo que nos prepara ante escenarios con un impacto en la economia tan brutal. Y el sector científico insiste —una vez más— en que la respuesta no puede seguir siendo reactiva.

El contraste es evidente: unos siguen debatiendo el marco mientras otros empiezan a ejecutarlo. De nuevo volvemos a la España de dos velocidades, pero en este caso una avanza y la otra se queda quieta.

El brote de hantavirus pasará. Probablemente sin mayores consecuencias. Pero deja una señal que no debería ignorarse. No sobre el virus, sino sobre nosotros. Porque el problema nunca fue solo la pandemia que debía llegar tarde o temprano. El problema fue no estar preparados.

Y, a día de hoy, sigue sin estar claro que lo estemos.

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