La pregunta sobre la IA que debe preocupar al sector farmacéutico

La ayuda de esta herramienta ya se deja notar en el desarrollo de los medicamentos. Sin embargo, el problema puede llegar después

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Imaginen dirigir uno de los mejores equipos de fútbol de Europa. Cuenta con los mejores jugadores, el mejor staff y acaba de incorporar una nueva herramienta que multiplica su rendimiento y que, justo cuando empieza a funcionar y ofrece sus primeros resultados, le prohíben usarla.

Recuerden la metáfora hasta el final del artículo.

La IA ya no es ningún secreto. La usan y exploran todos los sectores productivos y permite mejorar la capacidad productiva, impulsar la eficiencia y optimizar procesos. Esta ecuación multiplica el valor de aquellos sectores de alto valor añadido, como es el farmacéutico. Las compañías han abierto los brazos a la IA y van a la vanguardia a la hora de desentrañar sus posibilidades.

La IA acelera de forma tremenda el desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas. Es un tema que sale en cualquier conversación con los directivos de las principales compañías farmacéuticas. La IA ya es una realidad cotidiana en el día a día de las compañías, desde las tareas de intendencia hasta donde tiene más incidencia, que es la innovación, el desarrollo de los nuevos tratamientos.

El impacto más visible se está produciendo en los ensayos clínicos. La IA está transformando procesos clave como la selección de pacientes, el diseño de los estudios y el reclutamiento, reduciendo de forma drástica los tiempos y la inversión necesarios.

Ahora todo este proceso es más rápido y se adecúa mucho mejor a las necesidades de la investigación, un hecho que dibuja un nuevo escenario que solo estamos viendo despuntar y que en unos años puede cambiar por completo la concepción que teníamos de hacer las cosas hoy en día.

La IA también está incorporando nuevos perfiles o, al menos, incrementando su presencia en el proceso de desarrollo de un nuevo tratamiento. Los expertos en datos, aquellos perfiles que dominan la inteligencia artificial son ahora una pieza fundamental que trabaja codo con codo con aquellos perfiles investigadores y clínicos que siempre han tenido una importancia fundamental.

Volvamos ahora a la metáfora del principio del texto.

El sector farmacéutico cuenta con compañías que destacan por su apuesta por el I+D -son como los mejores jugadores de aquel equipo-, también tiene al mejor staff -podrían ser todos aquellos profesionales que impulsan al sector- y desde hace unos años ha sabido integrar en sus procesos la herramienta más disruptiva en décadas -la IA-. 

Y ahora viene la pregunta:  ¿va a ser el sistema capaz de adaptarse a esta realidad para integrar a tiempo la innovación que ofrece el sector?

Esperemos que sí. Pero permítanme las dudas, ya que con las herramientas con las que el sector ha trabajado hasta ahora vemos cómo los pacientes deben esperar hasta dos años para acceder a los más novedosos tratamientos que podrían cambiar su vida. Imaginen lo que podría pasar cuando el volumen de novedades terapéuticas de alto nivel se dispare gracias al impulso de la IA si la legislación no se adapta.

Asistimos a cómo la IA cambia de forma radical el sector, por lo que parece pertinente adaptar la legislación. De poco servirá acelerar la innovación si el acceso sigue atrapado en procesos pensados para otro siglo.


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