Promover la innovación no pasa por bajar los precios de medicamentos sin patente. El Anteproyecto de Ley de los Medicamentos situa esta bajada en el centro del desacuerdo del sector.
La historia está llena de políticas que, al perseguir un fin legítimo, acaban provocando justo lo contrario. Decisiones tomadas en nombre de la eficiencia han conducido al caos; otras, anunciadas para proteger un sector estratégico, han terminado por debilitarlo. Y el caso del Anteproyecto de Ley de Medicamentos y Productos Sanitarios en España amenaza con seguir ese camino.
Esta ley, en fase de tramitación, ha sido presentada por el Gobierno como una gran oportunidad para reforzar la industria farmacéutica nacional. La ministra portavoz Pilar Alegría ha declarado que “vamos a mejorar el acceso a la innovación, se va a fomentar una competencia saludable entre los desarrolladores con la introducción de los biosimilares y los genéricos y vamos a fortalecer nuestra capacidad para poder tener un buen abastecimiento de medicamentos esenciales”. Sin embargo, a juicio del propio sector sin excepción, el texto regulador va en dirección contraria.
"¿Qué clase de "competencia saludable" es aquella que hace inviable la supervivencia de quienes producen localmente bajo las exigencias regulatorias de la UE?"
Precios seleccionados
La pieza central del anteproyecto es un nuevo sistema de precios seleccionados para medicamentos fuera de patente. Este sistema no figura en la Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024–2028 y, según las principales asociaciones del sector, podría minar la producción nacional, provocar desabastecimientos y castigar especialmente a las pequeñas y medianas empresas que fabrican en España. ¿Qué clase de "competencia saludable" es aquella que hace inviable la supervivencia de quienes producen localmente bajo las exigencias regulatorias de la UE? No sería la primera vez que una política pública genera el efecto opuesto al que proclama.
Ahí está el caso de la desregulación eléctrica de California en el año 2000. Se prometía mayor competencia, eficiencia y precios más bajos para los consumidores. El resultado fue una crisis energética sin precedentes: apagones generalizados, manipulación del mercado por parte de compañías como Enron, quiebras de proveedores y pérdidas multimillonarias para el erario público. Se desmanteló el control estatal para fomentar un mercado libre, y lo que se generó fue especulación, caos y desabastecimiento.
Ejemplos que han provocado caos
Otro ejemplo es el famoso “L'État, c'est moi” ("El estado soy yo") de Luis XIV, que gobernó Francia con la promesa de engrandecerla mediante un poder centralizado y un Estado fuerte. Pero sus políticas fiscales y su estructura absolutista crearon desigualdad estructural, dejando al país en un estado de tensión social que pocas décadas después desembocó en la revolución francesa.
Decir que se fomenta la competencia y la innovación, mientras se introduce un sistema que debilita la producción nacional y castiga a quienes fabrican aquí, no es una paradoja: es una incoherencia. Y la historia —como tantas veces ha demostrado— no perdona esas contradicciones.
"El Gobierno anuncia apoyo a la innovación, pero impulsa una norma que penaliza la producción, desincentiva la inversión y amenaza el suministro"
Hoy, el Gobierno español repite el patrón a juicio del sector: anuncia apoyo a la innovación, pero impulsa una norma que penaliza la producción, desincentiva la inversión y amenaza el suministro. A la innovación no se la protege empujando los precios de los medicamentos sin patente a la baja sin medida. La innovación y la inversión que conlleva requiere de reglas estables, reconocimiento del valor añadido y condiciones para competir en igualdad dentro de Europa. Porque fortalecer nuestro tejido industrial es un objetivo anunciado, y el Anteproyecto aprobado y ahora en trámite no va en esa línea.
Un sistema "rígido"
La ministra de sanidad, Mónica García, asegura que estos cambios se han incorporado porque el actual sistema de precios de referencia “es demasiado rígido, que impide una competencia real entre los diferentes medicamentos innovadores, genéricos y biosimilares”. “Hacemos un sistema más flexible en el que hay una agrupación homogénea de los fármacos y en esa agrupación se hace un marco de referencia de precios”, ha explicado. Recuerda mucho al intento de arreglo de la desregulación eléctrica de California mencionada más arriba, que tambien resultaba ser "rígido".
Si de verdad se quiere reforzar el ecosistema farmacéutico español, lo primero es no ahogarlo.
Aspectos bien recibidos
Por supuesto, hay cosas que son un claro avance en el Anteproyecto, como los plazos para otorgar el precio de 180 días, que la farmacia pueda sustituir presentaciones equivalentes o que la innovación llegue más rápidamente por caminos especialmente diseñados. Pero una mala parte en un gran Anteproyecto puede hacer desvanecer el conjunto de una norma que debe vertebrar el sector del medicamento y los productos sanitarios en España.
En estos momentos, el Anteproyecto se parece más a una norma que busca ahorrar a aquella que prometía agilidad, estímulo del sector y fomento de la innovacion para consolidar a España como un referente en investigación clínica.