La farmacia asistencial, un recurso esencial para la sanidad española

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Los países en general y España en particular, estamos inmersos en un envejecimiento acelerado de la población y el incremento constante de los gastos sanitarios. Los sistemas de salud experimentan un uso intensivo. De hecho, la reciente encuesta del barómetro sanitario del ministerio de sanidad establece que casi el 80% de la población ha visitado un centro de atención primaria en los últimos 12 meses. Y que las actuaciones van en aumento lo corrobora el dato reciente de Galicia, por ejemplo, con un 18% más de intervenciones quirúrgicas.

La creciente demanda de servicios, combinada con la necesidad de optimizar recursos humanos y económicos, ha puesto sobre la mesa la necesidad de redefinir los roles tradicionales en el ámbito de la atención sanitaria. En este escenario, la farmacia comunitaria emerge no solo como una opción recomendable, sino como la única solución viable para abordar las necesidades asistenciales del país, aprovechando todas sus capacidades.

Accesibilidad

Según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), existen más de 22.000 farmacias comunitarias en España, lo que las convierte en uno de los puntos de contacto más accesibles y extendidos del sistema sanitario. Estas farmacias atienden diariamente a 2,3 millones de personas, sin necesidad de citas previas ni largas esperas. Este acceso inmediato representa un recurso incalculable para un sistema de salud que cada vez está más tensionado. El simple hecho de que los ciudadanos puedan obtener consejo, tratamiento o seguimiento de patologías comunes directamente en la farmacia alivia considerablemente la carga sobre centros de salud y hospitales. Por ejemplo, el papel de las farmacias certificadas a elaborar SPD (sistemas personalizados de dosificación) son un ejemplo ya muy implantado de asegurar el correcto seguimiento de los tratamientos y evitar errores comunes de dosificación con nuestros mayores.

FIP

La Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ya ha señalado que la farmacia comunitaria debe integrarse de manera más estructurada en los sistemas de atención primaria. Según el informe presentado por la FIP, el futuro de la farmacia debe ir más allá de la simple dispensación de medicamentos y centrarse en un modelo asistencial centrado en el paciente, que abarque desde la prevención hasta el seguimiento de enfermedades crónicas y la administración de vacunas.

La FIP argumenta que, para garantizar la sostenibilidad de los sistemas de salud, es esencial que los farmacéuticos sean reconocidos como proveedores de atención médica. Esto permitiría aprovechar al máximo el potencial de las farmacias comunitarias, no solo como puntos de venta de medicamentos, sino como centros asistenciales integrales.

En España, la pandemia de COVID-19 sirvió como un ejemplo claro del valor de la farmacia comunitaria en situaciones de crisis. Durante los momentos más álgidos de la pandemia, las farmacias atendieron a 30 millones de personas, muchas de las cuales evitaron saturar los hospitales gracias a los servicios prestados en estas farmacias. Esta capacidad de adaptación y respuesta demuestra que las farmacias están perfectamente preparadas para asumir un papel más amplio en la atención sanitaria.

Cronicidad

El envejecimiento de la población española es un desafío innegable para el sistema de salud. Se prevé que para 2050, más del 30% de la población tenga más de 65 años. Esta realidad, sumada a la prevalencia de enfermedades crónicas, plantea una demanda creciente de atención primaria y seguimiento continuado. Las farmacias comunitarias, gracias a su capilaridad y accesibilidad, están en una posición inmejorable para ofrecer servicios de seguimiento de patologías crónicas, control de medicación y educación sanitaria, especialmente en áreas rurales o de difícil acceso.

Una de las ventajas más destacadas de la farmacia es su capacidad para ofrecer una atención sanitaria sin citas previas. Esto no solo facilita el acceso a la población, sino que reduce la presión sobre los centros de salud. Además, los farmacéuticos están altamente capacitados para identificar y gestionar situaciones de salud cotidianas, derivando a los pacientes a servicios médicos especializados solo cuando es estrictamente necesario.

Marco legislativo

El potencial de la farmacia comunitaria en España es inmenso. Contar con una red de más de 22.000 farmacias distribuidas por todo el territorio es un activo que no se puede subestimar. Cada una de estas farmacias puede convertirse en un aliado del sistema sanitario, contribuyendo a descongestionar los servicios de atención primaria, ofreciendo servicios asistenciales clave y garantizando que todos los ciudadanos, independientemente de su ubicación, tengan acceso a una atención sanitaria de calidad.

Para que este modelo asistencial de la farmacia comunitaria se consolide, es fundamental que exista un marco legislativo y regulatorio que permita a los farmacéuticos desempeñar este papel de manera plena. La FIP ya ha señalado la necesidad de contar con regulaciones que reconozcan a las farmacias como centros sanitarios y a los farmacéuticos como proveedores de atención médica. Solo así se podrá garantizar que las farmacias tengan los recursos y el apoyo necesarios para seguir ampliando su papel en la atención sanitaria.