El 2025 se ha convertido en un año clave para el futuro del marco regulador del medicamento en España con la deseada llegada del anteproyecto de la Ley de los Medicamentos de Sanidad. La nueva normativa plantea notables desafíos para el sector. Entre ellos, cumplir con la normativa vigente ligada a la prescripción y a la dispensación de medicamentos veterinarios y evitar el conflicto de intereses se ha convertido en uno de los protagonistas. Así, ha quedado "negro sobre blanco" que el binomio medicamento-farmacéutico no debe diluirse bajo ningún concepto en materia veterinaria porque puede causar estragos en la salud pública global.
Con la llegada de las alegaciones se ha vuelto a poner de manifiesto que esta cuestión ocupa y preocupa a los farmacéuticos, que no han dudado en alzar la voz. Personalidades y entidades del sector como Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF); Eduardo Pastor, presidente de COFARES; la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE) o la Sociedad Española de Farmacia Rural (SEFAR) han mostrado su descontento con algunas de las propuestas recogidas en el anteproyecto de la mencionada ley vinculada a esta cuestión. Y es que el papel de la Farmacia es incuestionable de cara a garantizar un sistema sanitario seguro, eficaz y riguroso. Por ello, no se debe debilitar ni en la dispensación de fármacos humanos ni en la de veterinarios.
Contar con la supervisión farmacéutica en ambos escenarios, independientemente del canal o establecimiento, es indispensable. Como expertos en el medicamento, sin farmacéuticos no puede haber un control efectivo de la dispensación. De hecho, "abrir la mano" con los veterinarios rompe el equilibrio necesario entre prescripción y dispensación. Cabe mencionar al respecto que aunar ambas competencias puede abrir la puerta a los denominados conflictos de intereses, la falta de trazabilidad y control del uso del medicamento. Diluir la figura del farmacéutico en esta materia implica asumir riesgos innecesarios que pueden impactar negativamente sobre la salud
La Farmacia Comunitaria no es sólo un punto de venta, es un eslabón crítico de la cadena sanitaria del medicamento. Control, asesoramiento, seguimiento farmacoterapéutico... son decenas las labores que desempeña para asegurar un uso racional y óptimo del medicamento. Por ello, no se pueden "restar" competencias a los farmacéuticos en materia animal. Las reformas legales venideras en el ámbito farmacológico siempre deben reforzar e impulsar el papel de la Farmacia, nunca debilitarlo. Prescindir, o dejar relegado en un segundo plano, al farmacéutico es como eliminar una "barrera de seguridad" esencial para la salud de los pacientes, sean humanos o animales y, por supuesto, para el propio sistema sanitario.
El modelo sanitario español se ha sostenido durante décadas sobre una red de oficinas de farmacia cercana, cualificada y altamente regulada. Reducir su ámbito competencial no solo pone en riesgo la calidad asistencial, sino que debilita uno de los pilares que mejor ha funcionado en nuestro sistema y que cuenta con la confianza y el reconocimiento de los pacientes. Si la futura Ley de los Medicamentos busca ser moderna, coherente y segura debe reforzar, y no mermar, la capacidad de la Farmacia como institución sanitaria de primer nivel.