Ley de los Medicamentos: siga la línea de puntos

La endiablada aritmética parlamentaria hace imposible cualquier avance en la fundamental legislación farmacéutica que tenemos pendiente. Hemos pasado de avanzar a esperar

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En política hay que prestar mucha atención a los detalles. Hay que seguir la línea de puntos para, una vez completado el trazo, ver cuál es el dibujo que tenemos ante los ojos. En las últimas semanas, los responsables de sacar adelante la esperada ley de los Medicamentos -y por extensión cualquier norma del paquete farmacéutico- han ido dejando esas ‘miguitas’ en distintas comparecencias en público.

Si nos vamos meses atrás, como relatamos en este artículo de El GlobalFarma, figuras como Javier Padilla o César Hernández parecían optimistas con la evolución de la norma. Se hablaba de que el célebre excel con las alegaciones avanzaba a buen ritmo y que podríamos tener buenas noticias en los meses que ahora transitamos. El discurso parece haber cambiado en las últimas semanas.

La clave, posiblemente, la empezó a dar el director general de Farmacia. En el XIV Foro ECO dejó una frase, en medio de su discurso, que es uno de esos puntos en los que debemos reparar. “Le digo a todo el mundo que lea la ley y decida si es una ley que se pueda aprobar en un parlamento complejo o merece la pena esperar a otra oportunidad. De esa respuesta depende que esa ley salga adelante o no”.

Esta frase tan reveladora llegó el 3 de marzo. Un poco más adelante, el pasado día 16, Padilla abundó en una idea similar. “Quien pueda hacer, que haga”, subrayó el secretario de Estado de Sanidad en alusión a la esperada ley llamada a redefinir el terreno de juego en el que se mueve este sector.

Solo un día más tarde, este pasado martes 17, la ministra Mónica García compareció en la comisión del ramo en el Congreso. La cita se planteaba, al margen del debate político lógico en este terreno, como un balance de mitad de mandato. Y precisamente por eso sorprendió mucho que apenas dedicara unos segundos a referirse a la ley de los Medicamentos. Nada comentó de su avance. 

Ahora, unamos los puntos. Hemos pasado del optimismo a la incertidumbre. La ley ha pasado de avanzar a esperar.

En el sector es común el reconocimiento hacia el Ministerio por haber tenido la valentía de abrir debates tan complejos y decisivos para el futuro del sistema sanitario como este de la legislación farmacéutica. Se ha trabajado mucho, se ha debatido, se han limado diferencias y, parecía, que esta vez sí, que podía ser la buena. 

Pero la política y sus vericuetos se han vuelto a cruzar en el camino de la salud, una política tan esencial para nuestra sociedad y su futuro como fácil de postergar a un segundo o tercer plano cuando los partidos políticos activan el modo electoral haciendo imposible cualquier consenso parlamentario.

Esta norma, por su importancia, precisa de un acuerdo mayoritario que a estas alturas lamentablemente no existe. Inmersos en un carrusel electoral al que no vemos fin y que va quemando etapas una tras otra alejando cada vez más a las distintas fuerzas políticas es imposible que esta ley salga adelante. Podemos esperar a un momento mejor, en el que Gobierno y sus socios puedan entenderse, pero es muy optimista pensar que pueda llegar en los próximos meses.

La endiablada política española ha vuelto a ganar la partida. Las luces cortas han vuelto a ganar la partida a las políticas de Estado en el peor momento, justo cuando otras potencias más aprietan. Los mensajes están claros y la realidad es tan clara como: hoy no hay una mayoría para aprobar esta ley.

La ley de los Medicamentos corre el riesgo de convertirse en otro debate que se queda en el cajón. Y si eso ocurre, conviene decirlo sin rodeos: no será por falta de trabajo, ni por falta de debate, ni siquiera por falta de consenso en el sector. Será porque, en este momento, nadie tiene los votos -ni parece dispuesto a asumir el coste- para sacarla adelante. La ley ahora mismo está bloqueada. Y mientras aquí seguimos esperando, otras potencias han decidido no hacerlo.