El prospecto en papel de los fármacos ha sido, y sigue siendo, un "puente" entre el paciente, las farmacias y la industria. No obstante, la eclosión y consolidación de las tecnologías dibujan un horizonte incierto en el que su formato electrónico se postula como protagonista. Su versión en papel ya dio un giro en 2022, eso sí, en el ámbito de la Farmacia Hospitalaria. Echando la vista atrás, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) impulsó un proyecto piloto para evaluar el impacto de la supresión del prospecto en papel en un pequeño grupo de medicamentos de uso humano de ámbito hospitalario, iniciativa cuyo éxito ha propiciado que ya se esté implementado en casi un centenar de fármacos. Aunque cabe destacar que su "traspaso" efectivo al ámbito comunitario no está contemplado, ¿estarían preparados los pacientes para su llegada?
Las condiciones para el "fin" del papel en la Farmacia Hospitalaria son claras: los fármacos incluidos en esta iniciativa deberán ser de administración exclusivamente hospitalaria sin que exista, en ningún caso, la posibilidad de ser administrados por el paciente o la persona cuidadora; algo que choca directamente con la posibilidad de extrapolarlo a la Farmacia Comunitaria, dado que su administración recae directamente sobre el paciente prácticamente en todos los medicamentos dispensados.
Hay ventajas y desventajas ligadas a la desaparición del papel. Por un lado, el impacto positivo sobre la sostenibilidad, la accesibilidad digital de poder consultarlo en cualquier momento, su actualización en tiempo real, la reducción de costes asociados y el aumento de la comodidad y almacenamiento. En la otra cara de la moneda se encuentran los obstáculos vinculados a la brecha digital o a la dependencia tecnológica para garantizar su acceso. De ahí que haya defensores y detractores con respecto a su implementación.
Pese a que las nuevas generaciones se harán con el prospecto electrónico en un futuro, quizás, no muy lejano, nuestros mayores no deben verse privados de poder consultar "el atlas" de sus medicamentos. A día de hoy, las barreras digitales continúan estando más que presentes. Motivo de ello, el fin del prospecto en papel en el ámbito de la Farmacia Comunitaria no parece ser una opción, al menos no hasta que los mayores estén totalmente familiarizados con las tecnologías. Su posible reducción a un formato electrónico, en el ámbito comunitario, solo debería contemplarse como medida complementaria al prospecto en papel, ya que pueden presentan dificultades para acceder a medios electrónicos y podrían tener dificultades para consultar esta información. Como consecuencia directa de ello, esta "desinformación" podría impactar negativamente sobre su salud y poner en peligro el derecho fundamental a la información sobre la salud.
El prospecto, tanto en papel como en digital, es un completo aliado para el paciente en el caso de tener que consultar cualquier tipo de duda sobre la aplicación terapéutica del fármaco. Por ello, en el caso de que se plantee la opción de que desaparezca su versión en papel, debe realizarse con precaución y de forma escalonada, quizás haciendo un pilotaje con el que se vaya comprobando su aceptación en las poblaciones más familiarizadas con el formato digital para, posteriormente, ir ampliando su expansión.
De esta forma, si se observan deficiencias en este primer sondeo que pongan sobre la mesa la necesidad de su versión en papel, se podrá hacer un "alto al fuego" antes de que llegue a los más mayores. Por el contrario, también se podría hacer un testeo con población mayor para ver cómo responden a esta novedad y poder implementar cambios que faciliten su consulta online.
A día de hoy, la coexistencia de ambos formatos parece ser el futuro más cercano para el prospecto de los medicamentos dispensados en la Farmacia Comunitaria. La profesión avanza con creces hacia la completa digitalización, pero no podemos dejar atrás a una de las poblaciones más vulnerables y más dependientes de los medicamentos: los mayores.