Decir “adiós” de forma definitiva al prospecto en papel de los medicamentos dispensados en las farmacias es una decisión cuanto menos arriesgada. Teniendo en cuenta que la pirámide poblacional cada vez está más marcada por el envejecimiento, la cronicidad y la polimedicación, limitar la consulta del “atlas” de los medicamentos al formato digital supone una apuesta que puede poner en riesgo la salud.
Pese a que la decisión de Europa parece estar motivada por la modernización y la apuesta por la digitalización del sector sanitario y, por ende, del farmacéutico, a día de hoy persisten las barreras digitales. En este sentido cabe mencionar que tan solo el 55,6% de la población europea cuenta con competencias digitales básicas, por lo que esta decisión le da la espalda a casi la mitad de los ciudadanos.
También se ha de tener en cuenta que, en el caso de España, tanto la Farmacia Comunitaria como los médicos y los propios pacientes han mostrado su rotundo “no” a esta medida. Aluden, principalmente, a que el plazo de cinco años que se ha marcado es insuficiente para cerrar la brecha digital actual. Además, sacan a colación que la adaptación a un modelo exclusivamente electrónico requiere más tiempo para que nadie quede atrás. Por lo tanto, remarcan la necesidad de que la transformación digital en el ámbito sanitario siempre sea progresiva y realista.
Con respecto a los pacientes, el 78% de los españoles prefiere disponer del prospecto en formato en papel, tal y como confirma un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en 2022. Pese a ello, esta iniciativa europea sí ha contado con el apoyo de la industria farmacéutica española, desde donde apuestan por el avance hacia el formato digital y atienden al importante impacto de su desaparición tanto sobre el medioambiente como sobre los gastos. La cuestión es: ¿debe ir por delante de los pacientes el impacto económico y medioambiental del prospecto en papel?
La convivencia de ambos formatos se postula como la mejor opción de cara a garantizar el consumo responsable de fármacos. Lo dicen los farmacéuticos, lo dicen los médicos, lo dicen los pacientes… Con todos estos elementos sobre la mesa, la decisión volverá a estar en manos de las autoridades, que deberán velar por conjugar la sostenibilidad y el progreso que representa el prospecto digital con las virtudes del prospecto en papel. Cuando hablamos de salud, el margen de error debe ser mínimo, más si cabe cuando hablamos de que esto puede repercutir negativamente sobre los más vulnerables: los pacientes mayores.