Reino Unido ya ha entendido el papel de la farmacia

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La renovación del Consejo Directivo de anefp y el nombramiento de Rodrigo Bonilla como nuevo presidente de la asociación no deberían leerse como simples noticias corporativas del sector del autocuidado. Marcan un momento oportuno para abrir en España un debate sanitario de fondo y que sigue sin cerrarse de manera adecuada: qué papel queremos que jueguen el autocuidado, la farmacia comunitaria y los medicamentos sin receta en la sostenibilidad real del sistema sanitario.

Porque el debate no es menor. España tiene una Atención Primaria tensionada, profesionales sobrecargados, pacientes que esperan más de lo razonable para ser atendidos y una red de farmacias comunitarias capilar, accesible y altamente profesionalizada. La pregunta, por tanto, cae por su propio peso: ¿tiene sentido que muchos procesos leves, frecuentes y protocolizables sigan pasando necesariamente por una consulta médica?

Reino Unido responde

El NHS ha puesto en marcha Pharmacy First, un modelo que permite que las farmacias comunitarias atiendan determinados problemas de salud comunes, siguiendo protocolos clínicos definidos, y que puedan suministrar medicamentos cuando resulte clínicamente adecuado. Entre esos procesos se incluyen sinusitis, dolor de garganta, otitis, impétigo, herpes zóster, picaduras infectadas e infecciones urinarias no complicadas en mujeres.

Conviene recordar, además, que Pharmacy First no es una ocurrencia improvisada para responder a los problemas actuales de la Atención Primaria británica. Su implantación nacional en Inglaterra (NHS England, que cubre unos 57 millones de habitantes) comenzó en enero de 2024, pero es el resultado de más de una década de planificación, programas piloto y ampliación progresiva de competencias profesionales. Escocia ya había puesto en marcha su propio Pharmacy First en 2018 y el NHS Scotland llevaba años experimentando con modelos que acercaran más servicios sanitarios a la farmacia comunitaria.

Esa es precisamente una de las fortalezas tradicionales de la planificación anglosajona: identificar con anticipación los desafíos estructurales, diseñar soluciones graduales y construir consensos antes de desplegar reformas a gran escala. Mientras otros países siguen debatiendo si la farmacia debe asumir un papel más relevante, Reino Unido lleva años trabajando en cómo hacerlo de forma segura, protocolizada y financiada.

La lógica británica es sencilla y poderosa: si el farmacéutico puede resolver de forma segura un problema menor, no tiene sentido ocupar una cita de medicina general. Esto no debilita al médico sino que lo protege de consultas saturadas. No sustituye a la Atención Primaria sino que la descarga. No banaliza la asistencia sanitaria sino que la ordena.

"El sector del autocuidado debe dejar de explicarse para algunos decisores sólo desde el crecimiento del mercado y empezar a hacerlo desde su contribución al sistema sanitario"

Reino Unido, todo hay que decirlo, tiene una capacidad de planificación sanitaria típicamente anglosajona que conviene observar con menos prejuicios. Puede equivocarse en la ejecución, puede tener problemas de financiación y puede encontrar resistencias corporativas, pero suele identificar antes que otros países hacia dónde debe moverse el sistema. Y en este caso ha entendido algo esencial: la farmacia no puede seguir siendo vista sólo como un punto de dispensación, sino como una puerta sanitaria de proximidad.

En España, algunos líderes sanitarios miran a Reino Unido como referencia en planificación, evaluación y reformas organizativas. Harían bien en mirar también cómo entiende el NHS el papel de la farmacia comunitaria. Porque la lección de Pharmacy First no es únicamente farmacéutica; es sanitaria y asistencial. Consiste en utilizar mejor todos los recursos disponibles para evitar que la consulta médica se convierta en el embudo universal de cualquier necesidad sanitaria.

Un nuevo impulso

Ahí encaja plenamente el nuevo momento de anefp, que no siendo una idea nueva sí necesita volver a ponerse sobre la mesa. Cuando la asociación habla de reforzar su capacidad de anticipación, de impulsar el autocuidado, de avanzar en regulación, digitalización, inteligencia artificial y sostenibilidad, no está hablando sólo del mercado. Lo que afirman como objetivos son un enfoque de política sanitaria con implicaciones relevantes.

Y cuando Rodrigo Bonilla defiende que el autocuidado sea reconocido como un aliado estratégico del sistema, el mensaje debe interpretarse en toda su profundidad. El autocuidado no es únicamente una categoría comercial. Es una herramienta de responsabilidad individual, de eficiencia asistencial y de sostenibilidad del SNS. Pero para que lo sea de verdad necesita un marco regulatorio más ambicioso, más moderno y menos defensivo.

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España cuenta con una red de oficinas de farmacia excepcional. Pocas infraestructuras sanitarias tienen tanta proximidad, tanto contacto cotidiano con el ciudadano y tanta capacidad de intervención temprana. Sin embargo, seguimos infrautilizando ese potencial. Seguimos enviando al médico procesos que podrían resolverse con protocolos, consejo profesional, derivación cuando proceda y acceso adecuado a medicamentos de autocuidado.

El modelo británico no debe copiarse de forma automática. Ningún sistema sanitario se trasplanta sin adaptación. Pero sí debe servir como inspiración. Pharmacy First demuestra que es posible organizar circuitos asistenciales en los que la farmacia comunitaria asume más responsabilidad clínica, el paciente accede antes a una solución y la Atención Primaria concentra su tiempo en aquello que realmente requiere al médico.

El debate español no debería quedar atrapado en el miedo competencial. La cuestión no es quién pierde espacio, sino quién aporta más valor al paciente. Y, desde esa perspectiva, la farmacia tiene mucho más que aportar que lo que hoy le permite el sistema.

Regulación, la clave

El autocuidado bien regulado no es desmedicalización irresponsable. Es exactamente lo contrario: es ordenar la demanda, educar al ciudadano, protocolizar la actuación profesional y derivar al médico lo que debe llegar al médico. Eso exige confianza, regulación, interoperabilidad, formación y evaluación. Pero sobre todo exige visión.

Reino Unido ha entendido que la farmacia debe formar parte de la solución a la crisis de la Atención Primaria. España debería tomar nota. No para importar un modelo sin matices (que no goza de la capilaridad del español y se concentra en grandez núcleos urbanos), sino para abrir de una vez un debate serio sobre qué papel deben jugar los medicamentos sin receta, el farmacéutico/a comunitario y el autocuidado en un sistema sanitario que no puede seguir funcionando como si la demanda asistencial fuera infinita y los recursos también.

La renovación de anefp y la llegada de Rodrigo Bonilla ofrecen una oportunidad para elevar el debate. El sector del autocuidado debe dejar de explicarse, para algunos decisores sanitarios, sólo desde el crecimiento del mercado y empezar a hacerlo desde su contribución al sistema sanitario. Esto es lo que Anefp lleva años intentando transmitir. Porque ahí está su verdadera legitimidad pública.

La farmacia española está preparada para asumir más responsabilidad. La Atención Primaria necesita aliviar carga. El ciudadano necesita soluciones más ágiles. Y el sistema necesita planificación inteligente.

Reino Unido ya ha señalado un camino. Ahora corresponde decidir si España quiere seguir mirando la farmacia como un recurso periférico o empezar a tratarla como lo que puede llegar a ser: una pieza estratégica de la sanidad del futuro.

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