El mundo de la salud pública se ha sacudido por la "dimisión" (en palabras del presidente de la Junta de CyL, Alfonso Fernández Mañueco) que le presentó la hasta ahora directora general de salud pública de Castilla y León, Sonia Tamames. Los expertos y expertas, y no los tertulianos de programas que opinan de energía nuclear y de las crecidas del Nilo con igual "expertise", coinciden en su mayoría con el razonamiento realizado por la ex directora en relación a la pandemia de COVID-19: fue menos grave que la gripe de 1918.
"A Sonia Tamames la ha costado el puesto decir una obviedad"
Parece que la razón de su destitución o cese ha sido que ha "minimizado" el impacto de la pandemia de COVD-19, algo que es dudoso. Tamames, en el contexto de otras cuestiones, afirmó que hay pandemias peores porque afectan a más gente y matan a más personas de todas las edades. Y, efectivamente, la gripe de 1918 fue mucho peor que la de COVID-19. Pero eso se debe decir en un contexto científico, aseguran algunos, y no en una entrevista a un medio generalista.
COVID-19 y gripe de 1918
La mortalidad de la pandemia de SARS-CoV-2 fue menos severa que la gripe de 1918. Se calcula que entre 0 y 4 años, por poner un ejemplo, mató la gripe de 1918 a 300.000 niños y niñas. Una diferencia significativa es que la gripe de 1918 afectó especialmente a jóvenes de entre 20 y 39 años, mientras que la de COVID-19 mató especialmente a los mayores de 60 años. La gripe de 1918 tuvo una tasa de mortalidad de entre el 2 y el 5% y causó la muerte de entre 50 y 100 millones de personas, banda amplia que cuenta con el problema de la escasa información en medio de una guerra mundial.
"España presta poca atención a la preparación ante futuras pandemias"
La COVID-19 según la OMS tuvo una tasa de mortalidad estimada del 0,5% al 1%. Hasta octubre de 2024 las muertes oficiales por COVID-19 que informa la OMS son de algo más de 7 millones de personas. Por tanto, sí parece que la gripe de 1918, mal llamada "española", fuera más virulenta en términos de morbimortalidad que la pandemia de COVID-19.
Por tanto a Sonia Tamames la ha costado el puesto decir una obviedad.
¿Por qué ha ocurrido esto?
Promesas y deberes
Porque aún no hemos olvidado el desastre vivido, aunque algunos políticos y responsables de las administraciones competentes no le presten la atención prometida. Efectivamente, se prometió actuar y prepararse ante una nueva amenaza hace ya 5 años, y en España no tenemos, a día de hoy funcionando, ni siquiera el supuesto organismo autónomo que debe ser la Agencia Estatal de Salud Pública.
Como tampoco tenemos un plan de preparación ante pandemias, ni una regulación que agilice algunos de los procesos necesarios para hacer frente a una emergencia sanitaria. España presta poca atención a la preparación ante futuras pandemias pero algunos se revuelven por las obviedades de la comparación entre distintas pandemias. Si en octubre de 2020 la propia presidenta de la comisión de sanidad, Rosa Romero, se quejaba del incumplimiento de los acuerdos de la comisión, ¿cómo se deberia calificar ahora la misma situación tras 5 años?
Resulta un poco hipócrita pedir el cese de una responsable de salud púbica que dijo la verdad cuando no se exige que se cumpla con las promesas de preparación y respuesta. Porque el trabajo al que se comprometieron los partidos políticos sigue siendo una tarea pendiente.
De nuevo, cualquier cosa sirve para dar carnaza al rival político. Se lleva al extremo el turbio principio de que "la verdad jamás debe interponerse en una buena oportunidad para afear a tu rival político".
Vivimos malos tiempos en el que la política se asienta en un basurero de reproches cruzados mientras que algunas de las tareas que hay que hacer se dejan sine die pospuestas. Pero nadie recuerda nada.
Es marzo de 2025 y aún nadie pregunta a los representantes y responables de llevarlo a cabo por qué no hay un plan o una regulación ante futuras emergencias sanitarias.