Nos enfrentamos a un envejecimiento poblacional, la prevención eficaz en salud pública ya no es una opción, sino una obligación. Entre las amenazas más persistentes para la salud de los adultos mayores, la gripe sigue ocupando un lugar destacado. Pese a ser percibida a menudo como un problema menor, la gripe estacional causa cada año entre 3 y 5 millones de casos graves y hasta 650.000 muertes en el mundo.
En Europa, se ha estimado que era, antes de la COVID-19, la enfermedad infecciosa con mayor carga en términos de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) entre las personas mayores de 65 años. Algunas publicaciones sugieren que la muerte por gripe es incluso mayor que la reportada oficialmente.
La razón de esta gravedad es clara: la inmunosenescencia. Esto hace que las vacunas convencionales frente a la gripe tengan una efectividad reducida en el grupo etario a partir de 60 años. Ante esta realidad, resulta inaplazable adoptar estrategias de vacunación más ambiciosas y eficaces para proteger a los más vulnerables. Y entre esas estrategias, las vacunas de inmunogenicidad aumentada —como las vacunas adyuvadas, de alta dosis o recombinantes— ofrecen una solución avalada por la ciencia y por la experiencia internacional.
Mejor efectividad con evidencia
Un metaanálisis reciente publicado en 2024 en Journal of the American Geriatrics Society evaluó más de 70 millones de vacunados y demostró que estas vacunas mejoradas reducen significativamente las hospitalizaciones por gripe en mayores de 65 años respecto a las vacunas estándar. No se hallaron diferencias sustanciales entre las distintas formulaciones mejoradas, lo que confirma que cualquiera de ellas supone un avance claro frente a la vacunación convencional.
Por ello, organismos como el ACIP en Estados Unidos, el JCVI en Reino Unido, el NACI en Canadá o la HAS en Francia han emitido recomendaciones explícitas para que los adultos mayores reciban preferentemente vacunas mejoradas. España, sin embargo, aún presenta una cobertura desigual que pone en riesgo a parte de su población más frágil.
Coste efectividad demostrada
Además de su impacto sanitario, la gripe representa una carga económica considerable. En la Unión Europea se estima un coste anual de entre 5.900 y 14.000 millones de euros, incluyendo hospitalizaciones, visitas ambulatorias y pérdida de productividad.
En este contexto, la vacunación antigripal general se sitúa entre las intervenciones más coste-eficaces disponibles en salud pública. Estudios europeos sitúan el coste por AVAC (año de vida ajustado por calidad) ganado entre 3.000 y 12.000 €, muy por debajo del umbral comúnmente aceptado de 30.000 €/AVAC. Las vacunas mejoradas, a pesar de su mayor coste unitario, presentan costes por AVAC de entre 8.000 y 25.000 €, y en algunos entornos como residencias o pacientes con comorbilidades, incluso pueden ser dominantes: más eficaces y menos costosas en el largo plazo.
En resumen, las vacunas mejoradas no solo salvan vidas, sino que lo hacen con una eficiencia económica comparable o superior a muchas otras intervenciones sanitarias financiadas públicamente.
"las vacunas mejoradas no solo salvan vidas, sino que lo hacen con una eficiencia económica comparable o superior a muchas otras intervenciones sanitarias financiadas públicamente"
España debe cerrar la brecha territorial
Pese a esta sólida evidencia, España presenta importantes desigualdades en la distribución de vacunas mejoradas. Según los últimos datos, algunas Comunidades como Madrid y Asturias ya utilizan vacunas mejoradas en el 100 % de la población mayor de 60 años; otras Comunidades no alcanzan ni el 50%. La media nacional se sitúa en un 68 %, reflejo de una inequidad que no puede justificarse ni por criterios clínicos ni económicos.
No podemos permitir que el lugar de residencia determine el nivel de protección frente a una enfermedad prevenible. La ministra de sanidad, Mónica Garcia, esta semana ha afirmado en el 50 aniversario del calendario de vacunación e España que "las vacunas no entienden de bolsillos ni de códigos postales".
Las comunidades que han apostado por una cobertura total con vacunas mejoradas ya están recogiendo los frutos en términos de menor carga hospitalaria, mayor eficiencia del sistema y mejor salud para sus ciudadanos.
El camino está claro: avanzar hacia una estrategia nacional de vacunación antigripal en adultos mayores basada en vacunas de inmunogenicidad aumentada. No solo es lo más efectivo desde el punto de vista sanitario; también es una de las decisiones más sensatas desde el punto de vista económico.
Es hora de que España corrija las inequidades territoriales en gripe y se adopte un modelo alineado con la mejor evidencia y las mejores prácticas internacionales. Porque proteger a nuestros mayores frente a la gripe no puede depender del código postal.