El Parlamento Europeo y el Consejo de la UE alcanzaron el pasado 20 de mayo un acuerdo provisional para reforzar las garantías del pacto comercial con EEUU firmado en agosto de 2025, introduciendo nuevas cláusulas de suspensión, mecanismos de salvaguarda y revisiones periódicas que afectan a sectores estratégicos como el farmacéutico, el industrial y el agroalimentario.
El acuerdo desarrolla las dos propuestas legislativas destinadas a aplicar los compromisos arancelarios asumidos por la UE en el marco de la declaración conjunta UE-EEUU de agosto de 2025. El pacto mantiene el límite máximo del 15% para la mayoría de las exportaciones europeas hacia el mercado estadounidense, incluidos sectores como el automóvil, los medicamentos, los semiconductores o la madera.
Entre las principales novedades figura la inclusión de una “sunset clause” o cláusula de caducidad. Además, el texto endurece la denominada cláusula de suspensión. La Comisión podrá suspender las preferencias arancelarias concedidas a EEUU si Washington mantiene aranceles superiores al 15% sobre derivados del acero y el aluminio más allá del 31 de diciembre de 2026. Bruselas también podrá activar esta suspensión si EEUU no responde a las preocupaciones europeas sobre el tratamiento arancelario de exportaciones comunitarias que hasta el 24 de febrero de 2026 se beneficiaban del techo arancelario global del 15%.
David Cantarero, catedrático de la Universidad de Cantabria y responsable del Grupo de Economía de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (IDIVAL), explica a El GlobalFarma que "la medida refleja, claramente, una estrategia europea cada vez más defensiva y orientada a la autonomía estratégica".
Según el experto, "la Unión Europea asume que la relación comercial transatlántica se ha vuelto más inestable y que sectores como el farmacéutico no pueden depender únicamente de una lógica de libre mercado tradicional". Para Cantarero, el acuerdo tiene aspectos positivos importantes porque "aporta previsibilidad regulatoria a una industria muy sensible a las propias tensiones comerciales y a las interrupciones en las cadenas de suministro".
Además, menciona que "las cláusulas de salvaguarda ofrecen a Bruselas margen de reacción ante posibles cambios futuros en la política comercial estadounidense y de este modo reconocen explícitamente el carácter estratégico del medicamento, algo que se ha reforzado tras la pandemia y la preocupación por la dependencia exterior en principios activos y productos sanitarios críticos".
No obstante, defiende que también existen riesgos. "Incluso con límites arancelarios pactados, determinadas empresas podrían así verse incentivadas a trasladar parte de su producción hacia EEUU si Washington mantiene políticas industriales más agresivas y subvenciones internas", sostiene.
Asimismo, indica que "las revisiones periódicas introducen cierto grado de incertidumbre para inversiones industriales a largo plazo". Para finalizar, el experto concluye que "todo apunta a que Europa está evolucionando hacia políticas farmacéuticas mucho más geoestratégicas en las que ya no solo pesa la eficiencia económica, sino también la resiliencia industrial, la seguridad de suministro y la autonomía estratégica frente a las grandes potencias mundiales". Por tanto, cree que "el futuro y los retos en el sector siguen abiertos".