La aprobación de la Ley de Estabilización de las Cotizaciones al Seguro Médico Obligatorio ha reabierto el debate sobre el equilibrio entre la sostenibilidad financiera de los sistemas sanitarios y el mantenimiento de incentivos para la innovación farmacéutica. Según la patronal de la industria farmacéutica europea, EFPIA, esta norma "envía una señal preocupante sobre cómo Alemania valora su papel como líder en innovación farmacéutica y los importantes beneficios que obtiene de contar con una industria fuerte".
De hecho, la EFPIA advirtió, a través de su directora general, Nathalie Moll, de que "restar prioridad a la inversión en medicamentos innovadores pone en riesgo la competitividad a largo plazo de Alemania, su resiliencia económica y su seguridad sanitaria", en un momento en el que la competencia internacional por atraer inversiones en investigación y desarrollo es cada vez mayor.
Para conocer las repercusiones de la norma, David Cantarero, catedrático de la Universidad de Cantabria y responsable del Grupo de Economía de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (IDIVAL), explica a El GlobalFarma que la reforma refleja "un debate recurrente en política farmacéutica" sobre cómo compatibilizar ambos objetivos.
En su valoración, Cantarero explica que "la norma busca contener el crecimiento del gasto farmacéutico y aliviar la presión creciente sobre el seguro público de salud, pero lo hace endureciendo las condiciones económicas para determinados medicamentos innovadores, una estrategia que entiendo que la industria considera perjudicial para el ecosistema de I+D".
Respecto a la preocupación expresada por la patronal europea, el experto señala que "desde la perspectiva de la EFPIA, la preocupación tiene una base técnica". En este sentido, recuerda que "Alemania ha sido tradicionalmente uno de los mercados europeos más atractivos para el lanzamiento de nuevos medicamentos gracias a un entorno regulatorio que se entendía relativamente estable y a unas condiciones de acceso al mercado favorables".
Según Cantarero, si las reformas afectan a la previsibilidad del mercado, "las compañías podrían replantearse sus decisiones de inversión, trasladando parte de la investigación, los ensayos clínicos o incluso los lanzamientos comerciales hacia otros mercados con mejores perspectivas de retorno". Por ello, añade que "la advertencia de Nathalie Moll sobre el mensaje preocupante que envía la ley apunta más al efecto que puede tener sobre las expectativas de inversión que al impacto económico propiamente dicho inmediato".
No obstante, el economista también subraya la justificación de la reforma desde la óptica del Ejecutivo alemán. "La posición del Gobierno alemán también responde a una cierta lógica sólida", afirma. Asimismo, asegura que "el incremento del coste de las terapias innovadoras, unido al envejecimiento de la población y a las tensiones presupuestarias del sistema sanitario, obliga así a buscar mecanismos que garanticen la sostenibilidad del seguro público".
Por otro lado, considera que "reforzar la capacidad de negociación sobre los precios o exigir una mayor demostración de valor terapéutico puede a su vez contribuir a mejorar la eficiencia del gasto y a asegurar que los recursos públicos se destinen a aquellas innovaciones que aportan un beneficio clínico propio y claramente diferencial".
Para Cantarero, el éxito de la reforma dependerá del equilibrio que consiga entre el control del gasto y el impulso a la innovación. "La clave estará en el equilibrio que finalmente consiga la reforma. Así, un control del gasto bien diseñado no tiene por qué ser incompatible con la innovación si mantiene incentivos suficientes para el desarrollo de medicamentos con un alto valor añadido", sostiene.
Sin embargo, advierte de que "si las nuevas medidas generan una percepción de mayor incertidumbre regulatoria o de deterioro estructural de las condiciones de acceso al mercado, Alemania podría perder parte de su atractivo como uno de los principales polos europeos de innovación biomédica". En este ámbito, concluye que "en un contexto de fuerte competencia internacional por atraer inversión farmacéutica, el desafío consiste precisamente en contener el gasto sin erosionar la capacidad del país para seguir siendo un referente propiamente dicho en investigación y desarrollo a su vez".