Distribución y reserva estratégica para mejorar la Autonomía en España y Europa: «Sin salud no hay defensa»

Sanidad y defensa se tocan en el Congreso mientras la logística farmacéutica pide estabilidad y mejoras en la colaboración público-privada

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El Congreso de los Diputados ha acogido esta mañana la Jornada Parlamentaria: Autonomía Estratégica y Salud: Prioridad para España y la UE, centrada en la sanidad como componente clave de la seguridad nacional. La cita ha puesto el foco en la inversión estratégica para reforzar resiliencia, reservas, logística y protección de infraestructuras críticas. El debate llega tras el marco acordado en la OTAN para elevar el gasto hasta el 5% del PIB, con un 1,5% orientado a proteger infraestructuras críticas, un espacio en el que los organizadores situaron también a las infraestructuras sanitarias como parte del pilar defensivo.

España ha defendido que parte del esfuerzo en salud pública estratégica pueda computar como gasto defensivo ante aliados y socios europeos. La jornada, conducida por la expresidenta del Congreso Ana Pastor, se articuló en cuatro mesas con mirada europea y nacional. La primera partió del informe 'Autonomía Estratégica en Salud: Prioridad para España y la Unión Europea', elaborado por un grupo multidisciplinar bajo el paraguas académico de la Fundación de la Universidad de Alcalá, con la colaboración de Cofares y Moderna.

Eduardo Pastor, presidente de la Fundación Cofares, abrió el encuentro agradeciendo al Congreso la oportunidad de celebrarlo en "el lugar que representa nuestra democracia". Enmarcó el debate en un contexto de riesgos encadenados, con "una escalada de conflictos bélicos" cerca de fronteras, crisis energéticas, emergencias climáticas y la posibilidad de nuevas pandemias. A su juicio, esa sucesión de amenazas ha tensionado cadenas de suministro e infraestructuras digitales "fragmentadas" que siguen trabajando "en silos", por lo que España debe "dar un paso adelante" y situar la autonomía estratégica en salud como eje estructural.

Desde ahí defendió que la distribución farmacéutica de gama completa es un actor esencial y una palanca operativa para la resiliencia, por su capilaridad territorial. Reclamó "modelos de colaboración público-privada… estables en el tiempo", al considerar que sin estructuras permanentes y coordinadas la respuesta llega tarde y se diseña con prisas. También situó la gobernanza del dato como infraestructura de seguridad sanitaria y pidió "sistemas interoperables, gobernados por el Ministerio de Sanidad", con bidireccionalidad real entre administraciones y cadena de suministro para decidir rápido y con información fiable.

En ese marco explicó el salto digital de Cofares y destacó su plataforma analítica, capaz de monitorizar en tiempo real procesos de distribución y conservación, como ejemplo de cómo el dato puede servir para "predecir posibles crisis y planificar una adecuada respuesta". En su intervención, además, puso números al músculo operativo y de inversión que Cofares ofrece como soporte logístico: en 2025 gestionó 442,2 millones de unidades, y en los últimos cinco años ha superado los 215 millones de euros de inversión, de los que alrededor de 90 millones se dirigieron a la red logística.

Cerró con una propuesta de reserva estratégica de medicamentos que "debería de cumplir una doble función": cubrir la demanda diaria y absorber aumentos de demanda en crisis para evitar desabastecimiento. Y remató con una oferta directa: "Nos ponemos a su entera disposición para colaborar", subrayando experiencia en inventarios, rotación, control de stocks, trazabilidad y sostenibilidad.

En la misma mesa, Kasper Ernest, director ejecutivo de GIRP, situó su intervención en el clima geopolítico y económico con una llamada a la unidad. "Europa es más fuerte cuando nos unimos", afirmó, antes de advertir que "la esperanza no es una estrategia" y pedir mirar toda la cadena, desde la fabricación hasta el último kilómetro. Reivindicó el papel de la distribución como infraestructura crítica: "Preferimos ser invisibles… pero esto no significa que no seamos indispensables", recordando que Europa entrega "15.000 millones de paquetes al año" y celebrando que el Parlamento Europeo haya incluido a los mayoristas sistémicos en la ley de medicamentos críticos.

Sanidad resiliente

La primera idea que atravesó las mesas fue que la resiliencia no se construye solo para el día de la crisis, sino para el funcionamiento ordinario del sistema. Enrique Castellón (CrossRoadBiotech) resumió la lección de la pandemia con una imagen: en la crisis "saltaron las costuras" de sistemas que ya operaban al límite. Para él, las crisis son seguras y lo único incierto es el momento, de ahí la necesidad de capacidad redundante.

Castellón ligó esa preparación a un problema de diseño: la rigidez reduce la respuesta y la autonomía operativa la mejora. Puso el ejemplo de la atención primaria, donde las unidades con flexibilidad respondieron mejor que las estructuras muy jerarquizadas. Y completó el diagnóstico con un punto de gobernanza: hace falta coordinación entre niveles (estatal, autonómico, municipal) y entre departamentos para evitar respuestas fragmentadas.

En paralelo, la vacunación apareció como un caso práctico de cadena crítica. José Antonio Navarro (Asociación Española de Vacunología) pidió distinguir entre tener vacunas y lograr vacunación real, y recordó el valor de esta herramienta en salud pública. En su intervención advirtió que la OMS ha comunicado el restablecimiento de la circulación del sarampión en España, y describió una fabricación muy sensible a cualquier alteración, capaz de provocar desabastecimientos en productos vitales.

Autonomía estratégica en España

El enfoque más técnico llegó con César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia. Su punto de partida fue que la autonomía estratégica “no es una pieza… de uno u otro departamento, sino… algo completamente integral, transversal, intersectorial”. Para él, el riesgo de fondo es diseñar políticas desalineadas si no se integran incentivos que hoy empujan en direcciones distintas: “los que tiran compra-precio” frente a los que empujan inversiones en proyectos estratégicos e infraestructuras.

Hernández defendió que esa integración es la única forma de evitar un sistema que “no termine de funcionar coordinadamente”. Enlazó su planteamiento con la Estrategia de la Industria Farmacéutica impulsada a finales de 2024, como un marco que pretende poner visiones en común entre ministerios (Sanidad, Industria, Ciencia, Economía, Hacienda, Transición Ecológica). Y subrayó el principal obstáculo político para sostener esa agenda: “Preparar… no da votos”, porque durante la crisis es fácil invertir, pero al salir de ella “es muy difícil” mantener el esfuerzo.

En su segunda intervención, Hernández fijó una cronología que refuerza esa tesis. “Yo debuté en 2009 con la gripe A… y ya se advirtió que no había estructura para hacer vacunas”, recordó, para explicar que la pandemia dejó al descubierto un problema antiguo. A su juicio, buena parte de lo que vino después se ha hecho a remolque: “es como correr… detrás de la liebre”, impulsados por el golpe del COVID, la guerra de Ucrania y los cambios de costes y suministro.

Desde ahí cuestionó la idea de que baste con regular: “Solo la regulación no estamos tocando todo lo que es necesario”, y precisó dónde ve el núcleo del problema. “El auténtico problema… no es… la marca regulatoria ni siquiera solo las reglas de compra… está más allá”, dijo, defendiendo que la autonomía estratégica requiere “un modelo de innovación que funcione de principio al final”. También reclamó más determinación política de los Estados miembros: “En Europa lo que nos falta es una posición más decidida de los Estados miembros… hay cosas… que tenemos que ser nosotros… los que… nos sentemos a solucionar”.

En el plano industrial, María Jesús García (Industria y Turismo) defendió una “autonomía abierta” y explicó el enfoque de cadenas de valor y suministro para identificar puntos débiles. Mencionó el proyecto de ley de Industria y Autonomía Estratégica y un concepto operativo: una reserva de capacidad industrial en crisis, desarrollada con Seguridad Nacional. Para ella, el primer paso es disponer de datos fiables en tiempo real para decidir rápido y anticipar vulnerabilidades.

Europa y Parlamento

En el bloque europeo, Daniel Calleja, representante de la Comisión Europea en España, explicó que la autonomía estratégica nació en defensa pero la pandemia la llevó al centro de la salud. Recordó que la salud es una competencia de apoyo y coordinación en la UE, pero que el COVID obligó a actuar para evitar desigualdades en el acceso, lo que impulsó herramientas como la estrategia europea de vacunación y la creación de HERA, además de reformas regulatorias y la propuesta de ley de medicamentos críticos.

En este punto, Dolors Montserrat (PPE y ponente del paquete legislativo farmacéutico) defendió tres prioridades que, a su juicio, deben ir juntas: innovación e investigación, seguridad de suministro y una industria fuerte "made in Europe". También reclamó reducir burocracia y acelerar procedimientos sin rebajar seguridad del paciente, y situó el debate europeo en la tensión entre competitividad, protección de la innovación y acceso.

La discusión europea se cruzó con el tono político nacional cuando Montserrat vinculó el avance legislativo a la situación española en términos abiertamente partidistas. A su lado, Margarita de la Pisa (Patriotas por Europa) incidió en que años de dependencia de terceros han debilitado el tejido industrial y pidió concreción en los detalles para no generar inseguridad jurídica. En su intervención insistió en que la capacidad logística y de distribución que existe en países como España puede convertirse en una referencia, pero también en un terreno sensible si se legisla sin aterrizaje.

Visión Parlamentaria: leyes atascadas y urgencia de gobernanza

La mesa política aterrizó el debate en el Congreso con un mensaje repetido: el marco legal puede ser palanca o freno. Alda Recas (Sumar) conectó autonomía estratégica con la crisis geoestratégica y defendió que la prioridad pasa por reforzar capacidad productiva, innovación y gobernanza. Puso el foco en la inminente reforma del medicamento y reclamó que salga con el "mayor consenso posible", apelando al sector a acompañar ese recorrido.

Desde el PSOE, María Sainz reivindicó una estrategia europea y nacional que no dependa de impulsos coyunturales, y defendió que la cooperación y la confianza entre instituciones y sector son condición para sostener la agenda. Subrayó la utilidad de la Agencia Estatal de Salud Pública como instrumento para articular colaboración en emergencias y situó la autonomía estratégica como respuesta a una competencia global que obliga a Europa a actuar coordinada.

Elvira Velasco (PP) llevó el debate al terreno de los tiempos parlamentarios y denunció un atasco que, a su juicio, mina la seguridad jurídica. Recordó que el proyecto de ley de Industria y Autonomía Estratégica entró en el Congreso el 13 de diciembre de 2024 y que acumulaba "38 plazos de ampliación de enmiendas", con una prórroga que podía llegar "hasta el 4 de febrero". Reclamó que el marco regulatorio simplifique procedimientos, aporte estabilidad y no convierta la norma en un obstáculo burocrático, y alertó de que el sector necesita certezas para retener talento e inversión.

Por Vox, David García Gomis defendió que la autonomía estratégica sanitaria debe tratarse al nivel de otras infraestructuras críticas. Insistió en que cuando falla el suministro, quien absorbe el golpe es el paciente y quien improvisa es el sanitario, con riesgo de desgaste y burnout. Reforzó además el papel de farmacia y distribución como engranajes esenciales de colaboración público-privada, y reclamó bajar burocracia y proteger producción e innovación.

"Colaboración público-privada estable en el tiempo"

En las conclusiones, Ana Pastor sintetizó el mensaje del día: salud como prioridad estratégica, necesidad de marcos legislativos ágiles, incentivos claros y estabilidad regulatoria. Reivindicó sacar la sanidad de la confrontación y consolidar acuerdos, y subrayó el papel del sector farmacéutico y de la distribución para que el sistema llegue "al último rincón" del país.

Eduardo Pastor recogió el hilo final con tres movimientos (reflexión, petición e invitación) que cerraron el círculo de su apertura. Insistió en que el medicamento no es un bien económico cualquiera y que necesita protección, conservación, distribución y dispensación en manos especializadas, citando la vacunación como ejemplo de cadena controlada. Su petición volvió a ser la misma que había marcado el tono de la mañana: un marco de "colaboración público-privada estable en el tiempo" para que la respuesta no dependa de improvisaciones.

Y remató con una invitación a los decisores políticos para conocer de primera mano instalaciones, plataformas y sistemas de control, con un argumento que atravesó todas las mesas: la autonomía estratégica no se improvisa cuando llega la crisis, se construye antes, con gobernanza, datos, logística y acuerdos duraderos. Cerró con la consigna que sintetiza su tesis: "Construyamos puentes… porque sin salud no hay defensa, sin salud no hay economía y sin salud no hay país".


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