Avanzar en la autonomía estratégica en la fabricación de medicamentos es uno de los objetivos prioritarios para el sector farmacéutico. Así lo recoge la Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024-2028, aprobada en Consejo de Ministros en diciembre de 2024, que identifica al sector como parte de las infraestructuras críticas del país, “contribuyendo como pocos a la autonomía estratégica”, tal y como se puso de manifiesto durante la pandemia de COVID-19.
El documento destaca el papel del sector en el suministro de medicamentos críticos durante esa crisis, así como el refuerzo de las capacidades de fabricación y las fortalezas de la industria farmacéutica en I+D y producción nacional de fármacos, con potencial para salvar vidas y generar valor añadido para el país. “Está comprometido, en este sentido, con el aumento de reservas estratégicas basadas en capacidades industriales”, subraya.
En este contexto, el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha señalado que “hay veces que conceptos que tienen cierto auge tanto en el debate público como en los desarrollos normativos comienzan a concretarse y sustanciarse gracias a los vaivenes del contexto de cada época”. A su juicio, esto es lo que ha ocurrido con el concepto de autonomía estratégica, “presente en el debate público europeo con gran fuerza después de la pandemia”, como una llamada a recuperar elementos de soberanía industrial y a desarrollar y coordinar capacidades de producción en distintos ámbitos.
Asimismo, ha explicado que, en el contexto actual, marcado por “las diferentes crisis existentes en el ámbito de los medicamentos”, este concepto ha ido perfilando sus elementos críticos.
Al referirse a estas crisis, ha precisado que no se trata únicamente de la vulnerabilidad de las cadenas de suministro expuesta por la pandemia de COVID-19 o de la situación de inestabilidad e incertidumbre derivada de la guerra en Irán —tanto por su impacto en las cadenas de suministro como por los efectos en la disponibilidad y los precios de la energía—, sino también de las medidas estadounidenses destinadas a referenciar los precios de sus medicamentos en los precios más bajos de los países de rentas altas.
Según ha indicado, los efectos derivados de este contexto están acelerando las medidas orientadas a avanzar en la autonomía estratégica en Europa, con relevancia tanto de iniciativas a nivel nacional como de desarrollos normativos y proyectos europeos, entre los que ha citado la Critical Medicines Act, el paquete farmacéutico europeo y la Biotech Act.
Europa atraviesa una etapa de pérdida de competitividad frente a EEUU y China, especialmente en investigación, fabricación y lanzamiento de nuevos medicamentos. Mientras que en los años 90 lideraba este ámbito a nivel mundial, en la década de los 2000 perdió el primer puesto frente a EEUU, y en 2024 China superó por primera vez a Europa, relegando a la UE a la tercera posición.
En este contexto, Farmaindustria advirtió hace poco de que una bajada de precios en EEUU podría reducir los ingresos destinados a I+D, poner en riesgo la autonomía estratégica y desincentivar inversiones en Europa. Asimismo, la política de nación más favorecida (MFN, por sus siglas en inglés) podría afectar directamente al lanzamiento de nuevos medicamentos en la región.