Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, ha puesto algunas reformas en materia de política farmacéutica como una parte importante de su hoja de ruta para el primer trimestre de este 2026. Tras dos años con un resumen semanal, anuncia que pasa a "un formato quincenal con menor limitación de espacio", con el objetivo de llegar al cierre normativo sin que todo quede en titulares.
El mensaje, presentado como "recta final" en algunos proyectos y "avance decisivo" en otros, concentra cuatro líneas: rematar normas para el SNS, ajustar formación especializada, ordenar la participación útil y leer el impacto internacional en farmacia. En paralelo, el debate sobre autonomía estratégica en salud y cadenas de suministro sigue de fondo, pero Padilla aterriza el foco en regulación y financiación.
Farmacia: evaluación, ley y tiempos de innovación
La señal más nítida es el calendario farmacéutico: Padilla define un trimestre "clave" y apunta a la aprobación del Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias. En ese paquete, sitúa también una ley que, según afirma, entra en "sus últimos pasos", con la intención de consolidar un marco estable de evaluación y decisiones de financiación.
El secretario de Estado adelanta además nuevos datos sobre financiación de innovaciones para sostener que la reducción de tiempos y el aumento de medicamentos financiados "se han estructuralizado". La tesis política es clara: la velocidad no puede depender de una coyuntura o de un empujón puntual, sino de un procedimiento que aguante la presión.
La agenda incorpora un elemento de gestión del sistema que también impacta en farmacia: un anteproyecto de "ley de gestión pública" para "poner coto al lucro dentro del sistema sanitario público". Padilla lo coloca como una pieza de coherencia con el SNS, en un momento de debate sobre eficiencia, contratación y uso de recursos.
Trump, la cláusula MFN y el choque con el modelo europeo
Padilla sitúa el debate internacional en farmacia en torno a una idea que, a su juicio, mezcla relato político y presión económica: la cláusula de la Nación Más Favorecida (Most Favoured Nation). Ese mecanismo implicaría que Estados Unidos pague por los medicamentos un precio igual al del país que pague menos entre el G7, Suiza y Dinamarca, convirtiendo la comparación internacional en una palanca directa de política interna.
En su lectura, el discurso de Trump repite el patrón usado en defensa: presentar que otros países se han "aprovechado" del esfuerzo estadounidense para sostener gasto bajo. Pero Padilla invierte el marco y señala que, en medicamentos, el factor diferencial no es el "aprovechamiento" europeo, sino una decisión histórica de EEUU: eliminar la intervención de precios del principal comprador público, Medicare, profundizando la fragmentación y la desregulación del sistema.
Frente a esa arquitectura, Padilla defiende que Europa opera con cuatro pilares que explican precios y acceso: sistemas de evaluación (en mayor o menor medida) apoyados en ETS, decisiones de financiación donde la evaluación pesa de forma central, una población agregada mayor y con mucha más cobertura sanitaria, y una fragmentación política que se compensa con sistemas sanitarios más sólidos y coordinación supranacional. Desde esa perspectiva, su tesis es que Trump busca que Europa "le haga los deberes" en política sanitaria: dejar la presión de precios fuera y usar el resultado europeo como referencia obligatoria.
Padilla lo resume con una metáfora: sería como dejar de estudiar y pretender que tu nota sea la del compañero con mejor calificación. Puede funcionar si impones la narrativa y el mecanismo, pero también empuja a los demás a diseñar defensas para que no se sepa quién sacó qué nota (o para que la referencia conocida sea incorrecta), una advertencia implícita sobre cómo la UE podría reaccionar si el pulso se convierte en política comercial y sanitaria a la vez.