Las nuevas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra España añaden un nuevo foco de incertidumbre a un sector farmacéutico que desde hace meses vive pendiente de la política comercial de Washington. En plena escalada de medidas para obligar a las compañías a fabricar medicamentos en suelo estadounidense y reducir los precios en EEUU, el mandatario ha pedido este miércoles cortar "todo el comercio" con España, un mensaje que llega apenas unas semanas después de que la Unión Europea reforzara los mecanismos de defensa del acuerdo comercial transatlántico.
Durante una comparecencia junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en el marco de la cumbre celebrada en Ankara, Trump calificó a España como "una causa perdida" y pidió poner fin "a todo el comercio con España, incluidas las visitas", al considerar que Madrid es "un socio pésimo" dentro de la Alianza Atlántica.
"España es un socio pésimo en la OTAN. No participan, no pagan. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas", afirmó el presidente estadounidense. Trump añadió además que España "no tiene remedio", calificó a los españoles como "mala gente" y aseguró que hará que el país "gane mucho menos dinero" gracias a futuras decisiones comerciales.
Aunque el detonante de las declaraciones es el enfrentamiento político sobre el gasto en defensa, sus palabras se producen en un momento especialmente delicado para la industria farmacéutica europea, convertida en uno de los principales objetivos de la estrategia económica de la Administración estadounidense.
La ofensiva de Trump contra el sector farmacéutico
Desde comienzos de año, Trump ha convertido la política farmacéutica en una prioridad de su agenda económica. Su objetivo es relocalizar la producción de medicamentos en Estados Unidos y reducir drásticamente los precios que pagan los pacientes estadounidenses. "El resto del mundo tendrá que pagar un poco más y EEUU pagará mucho menos", resumió recientemente el presidente.
La principal herramienta ha sido una combinación de presión regulatoria y comercial. A principios de abril, la Casa Blanca aprobó una proclamación que permite imponer aranceles de hasta el 100% sobre medicamentos patentados e ingredientes farmacéuticos activos (API), en función del compromiso que asuman las compañías para fabricar en territorio estadounidense y aceptar reducciones de precios mediante acuerdos con el Gobierno.
El esquema establece un sistema progresivo: las empresas que alcancen compromisos completos podrán quedar exentas de aranceles, mientras que aquellas que únicamente presenten planes de relocalización asumirán gravámenes crecientes hasta alcanzar el 100% en cuatro años. El resto de productos incluidos en la proclamación quedarán directamente sujetos al arancel máximo. Las primeras medidas comenzarán a aplicarse a partir del 31 de julio de 2026.
Bruselas ya blindó el acuerdo comercial
Precisamente ante la creciente imprevisibilidad de la política comercial estadounidense, el Parlamento Europeo y el Consejo alcanzaron el pasado 20 de mayo un acuerdo provisional para reforzar las garantías del pacto comercial firmado entre la Unión Europea y Estados Unidos en agosto de 2025.
El nuevo reglamento mantiene el límite máximo del 15% para la mayoría de las exportaciones europeas hacia EEUU (incluidos los medicamentos), pero incorpora importantes mecanismos de protección para responder a posibles decisiones unilaterales de Washington.
Entre las novedades figura una cláusula de suspensión que permitirá a la Comisión Europea retirar las preferencias arancelarias concedidas a EEUU si Washington supera el límite del 15% pactado o introduce nuevos gravámenes sobre sectores estratégicos. Además, Bruselas podrá activar mecanismos de salvaguarda cuando las importaciones estadounidenses causen perjuicios graves a la industria europea y deberá revisar periódicamente el funcionamiento del acuerdo mediante informes trimestrales al Parlamento y al Consejo.
El reglamento incorpora también una cláusula de caducidad, de forma que expirará a finales de 2029 salvo que la Comisión proponga su renovación tras evaluar su impacto económico.
Más incertidumbre para las farmacéuticas
Las declaraciones de Trump se suman a meses de creciente preocupación en la industria farmacéutica europea. Las patronales EFPIA y Farmaindustria llevan tiempo alertando de que el uso de los aranceles como herramienta de presión puede afectar gravemente a las cadenas internacionales de suministro, reducir la inversión en innovación y dificultar el acceso de los pacientes a nuevos medicamentos.
Farmaindustria estima que los distintos aranceles impulsados por la Administración estadounidense podrían suponer un impacto cercano a los 18.000 millones de euros sobre las exportaciones farmacéuticas europeas a EEUU, mientras que alrededor del 24% de los insumos utilizados para fabricar medicamentos en Europa proceden del mercado estadounidense.
Para David Cantarero, catedrático de Economía de la Universidad de Cantabria e investigador principal del Grupo de Investigación en Economía de la Salud del IDIVAL, la estrategia de Trump supone "un cambio de régimen más que un ajuste incremental", al combinar política industrial, regulación de precios y presión geoeconómica sobre la industria.
El experto advierte de que una aplicación generalizada de aranceles del 100% podría provocar disrupciones en las cadenas de suministro, incrementar el riesgo de desabastecimientos y reducir la capacidad de inversión en investigación y desarrollo, especialmente entre las compañías biotecnológicas más innovadoras.
Aunque las declaraciones contra España no implican por ahora medidas comerciales concretas, elevan la tensión política entre Washington y Madrid en un momento en el que la Unión Europea mantiene preparados mecanismos para responder si la Administración Trump decide ir más allá de los compromisos comerciales actualmente vigentes, incluidos aquellos que afectan directamente al sector farmacéutico.
García acusa a Trump de confundir "la diplomacia con el matonismo"
La ministra de Sanidad, Mónica García, también ha reaccionado a las palabras del presidente estadounidense. En un mensaje publicado en su cuenta de X, García ha defendido que Trump llama a España "socio terrible" porque el país "no acepta chantajes ni amenazas".
"Porque somos un país soberano, democrático, que defiende el multilateralismo y la paz. Terrible es confundir la diplomacia con el matonismo", ha escrito la ministra.